CAPÍTULO 12
La compra de TVXQ’S.
Jaejoong siempre había pensado que había sido Yunho el que proponía comprar aquella empresa, y no al revés.
Yunho asintió, sin saber que Jaejoong estaba asombrado con la nueva visión de los hechos.
-Fue amarga y muy dura -dijo- Y tuve que asumir riesgos que me hacen temblar cuando pienso en ellos, ahora que terminó todo hace tiempo. En otros periodos difíciles, siempre te tuve a ti para encontrar alivio, pero estabas ocupado con Leo y con el sarampión de los mellizos. Sé que suena muy egoísta, pero los envidiaba porque ellos obtenían tus cuidados y yo no. ¡Te necesitaba, Jaejoong, pero no podías ayudarme! Y, que Dios me perdone, HyungJoong sí podía -dijo y suspiró con angustia- Con la brillante ayuda de HyungJoong, gané la batalla de TVXQ’S. Pero sabe Dios por qué razón, me sentí tan aliviado que perdí el control y caí en sus brazos.
-¿Cuánto tiempo?
Yunho lo miró con asombro. -¿Cuánto tiempo qué?
-¿Cuánto tiempo fuisteis amantes?
Yunho sacudió la cabeza con una extraña expresión.
-Nunca lo fue, al menos, no en el sentido en que tú lo dices. He intentado decírtelo alguna vez, pero te negabas a escucharme... Dios sabe que no te culpo. Al fin y al cabo, te he sido infiel en todo menos en hacer el amor. Salía con HyungJoong en lugar de volver a casa. Lo invitaba a cenar, a bailar...
-Boa me dijo que te había visto saliendo de su apartamento -dijo Jaejoong con voz grave.
Yunho asintió.
-Después de la batalla con TVXQ’S me volví un poco loco -dijo sin poder ocultar cierto desprecio por sí mismo- Me quedé sentado aquí bebiendo hasta que no pude volver a casa conduciendo. HyungJoong me recogió y me llevó a su apartamento hasta que estuve sobrio. ¡Oh! -añadió con una sonrisa cínica-, no me entiendas mal. Él sabía lo que estaba haciendo y yo sabía lo que se proponía, pero... no pude. No eras tú y, borracho o no, la idea de acariciarlo me ponía enfermo. Debió darse cuenta, porque salió de la habitación. Yo me quedé dormido y no me desperté hasta la mañana siguiente. No tengo ni idea de dónde durmió él aquella noche, pero entró en la habitación mientras yo trataba de recordar lo que había ocurrido, horrorizado por mi comportamiento incluso antes de que me dijera que no me había portado mal para haber bebido tanto.
Se detuvo para tragar saliva y Jaejoong se puso muy pálido.
-Dejó que me atormentara durante meses antes de decirme la verdad. Fue su forma de vengarse de mí por quitarle la representación de mi empresa y dársela a uno de sus socios. La noche que habló contigo no fue más que un intento de vengarse de mí. Cuando lo llamé, le dije que iba a retirar mis negocios de su esfera. Estoy hablando de mucho dinero, Jaejoong, de una cuenta muy lucrativa. Que la firma perdiera la representación de mis negocios completamente no iba a sentar muy bien a sus socios, que le temen, sobre todo, porque se puede ir de la lengua. Los insultos que cruzamos son tan viles que no quiero repetirlos, pero me dijo que no lo había tocado nunca, lo que me hizo sentirme mucho mejor. Me dijo las peores cosas que se le pueden decir a un hombre, pero a mí me sonaron a música celestial, porque me di cuenta de que estaba diciendo la verdad cuando decía que no lo había tocado.
-Y esa es la verdad desnuda... -dijo mirando a Jaejoong a los ojos- Espero que la creas, pero no te culparé si no quieres hacerlo.
Jaejoong agachó la cabeza, mirándose las manos que tenia apoyadas sobre el regazo. Quería creerlo, necesitaba creerlo, pero...
-Puedes quedarte con todo mi dinero y todo mi poder -dijo Yunho con voz grave-, a cambio de tu perdón.
-Ya tienes mi perdón -le dijo Jaejoong con irritación, pero las dudas no lo abandonaban.
-Entonces ¿qué más quieres que diga? -dijo Yunho con frustración- ¡No puedo obligarte a que lo olvides! ¡Sólo tú puedes hacerlo!
Jaejoong perdió la paciencia y se levantó. Le ponía furioso que Yunho descargara en él los problemas de su matrimonio. Había revelado mucho de sí mismo, pero aquel hecho no lo ayudaba.
Tal vez aquel fuera su problema. Él, como Yunho, siempre había ocultado una parte de sí mismo. Sus sueños, tal como él los había llamado. Pero, ¿cómo iba él a saber que su sueño era ser su esposo y la madre de sus hijos, si él no se lo había dicho nunca?
¿Podría decírselo en aquellos momentos? Con toda la tristeza y el dolor que había llevado a sus espaldas en los últimos meses, ¿podría ser tan sincero con como él lo había sido? ¿Podría serlo con el fin de salvar su matrimonio?
El silencio era espeso. Entonces, al verlos colgados sobre la pared, detrás de donde Yunho se encontraba, le dio un vuelco el corazón...
Hiro, Jiji, Leo y él. Sus propios dibujos enmarcados y colgados en el despacho de Yunho.
-Los robé -dijo poniéndose en pie mientras Jaejoong se acercaba a ellos.
-Quería verlos cada vez que lo necesitaba... ¿Te molesta?
Jaejoong se sorprendió de no haberlos echado de menos. Entonces, recordó el desorden que reinaba en su casa con los preparativos de la mudanza y sonrió.
-Has quitado las rayas -advirtió observando su retrato y sintiéndose un poco expuesto por lo mucho que revelaba de sí mismo- Yo no soy así -dijo a pesar de lo que sus ojos le decían.
-Sí lo eres -dijo Yunho con un orgullo que no le pasó desapercibido a Jaejoong-. Es una galería familiar.
-Pero faltas tú.
-Sí -dijo Yunho, y la sonrisa desapareció de su semblante-. ¿Por qué Jaejoong? ¿Por qué no había un retrato mío en ninguno de tus cuadernos?
¿Los había hojeado todos? Vaciló un momento y luego, le dijo la verdad, era la hora de la verdad.
-Todos me quieren -le dijo mirando los retratos de sus tres hijos- Yo creía que tú ya no me querías. Traté de dibujarte -añadió-, pero no lograba recordar tus rasgos, así que lo dejé.
-¿Los ha visto Park?
-¿Qué? -la hosquedad de su voz lo sorprendió y tuvo que pensar por un momento antes de recordar quién era Park-. ¡Oh!, no. Nadie los había visto.
-¿Fue muy serio lo que ocurrió entre vosotros?
-En absoluto.
-Lo besaste. Os vi.
-¿Un beso apresurado en un coche? -dijo Jaejoong burlándose de los celos de Yunho-. No fue nada, nada en absoluto.
Pero Yunho no se convenció y lo agarró por los hombros. Jaejoong suspiró. Yunho lo había hecho de nuevo, había descargado las culpas sobre él de modo que tenía que defenderse de algo que ni siquiera había hecho. Sonrió al pensar en lo absurdo que era todo.
-Vuelves a parecerte a ese diablo -dijo-. Ya sabes, el que se ducha con fuego.
-Voy a besarte -gruñó Yunho.
-¿Qué? ¿Aquí en tu despacho? Te equivocas de escenario, cariño, yo pertenezco a tu otro mundo, ¿recuerdas?
Yunho lo besó apasionadamente, hasta que Jaejoong se rindió entre sus brazos. Lo besó hasta que él le echó los brazos al cuello y le acarició la nuca, hasta que sus lenguas se entrelazaron. Los pezones de Jaejoong se erizaron, al tiempo que sentía la urgencia del deseo de Yunho contra el vientre.
-Te quiero, Jaejoong -susurró Yunho.
-Lo sé -dijo Jaejoong besándole suavemente en el cuello-. Creo que puedo creerte otra vez.
Yunho suspiró con alivió y volvió a besarlo, esta vez dulcemente.
Uno de los teléfonos empezó a sonar. Yunho lo miró con un brillo de ira en la mirada. Luego agarró a Jaejoong y lo llevó hasta su mesa.
-No te muevas -dijo separándose un poco de él para alcanzar el teléfono.
Fue increíble cómo pasó de ser un amante apasionado a ser un frío hombre de negocios, pensó Jaejoong mientras miraba a Yunho aunque sin oír nada de lo que decía. Parecía más delgado, con los rasgos más duros, como si se hubieran alterado para corresponderse con el hombre que era en aquellos momentos. Su mirada era fría, a pesar de que no dejaba de mirarlo, y tenía los labios apretados, perdiendo toda la sensualidad que tenían al besarlo.
Jaejoong sonrió y Yunho frunció el ceño al verlo, sin distraer la atención de la conversación que estaba manteniendo. Un diablillo en el interior de Jaejoong hizo que le dieran ganas de hacer cosquillas sobre la armadura de aquel magnate de las finanzas y le acarició un muslo.
Yunho casi se atragantó. Agarró la mano de Jaejoong para detenerlo, un brillo cruzó por sus ojos y le tembló la voz. Jaejoong se rió.
-Te llamaré más tarde -gruñó Yunho y colgó--... ¡Era un cliente muy importante! ¡Lo has hecho a propósito! -lo acusó atrayéndolo hacia sí.
-Te quiero, Yunho -le dijo suavemente.
Yunho se puso pálido y tragó saliva.
-Dilo otra vez.
Jaejoong lo besó en la boca con ternura.
-Te quiero -repitió, dándose cuenta de lo fácil que le resultaba decirlo después de haberlo dicho una vez.
Yunho respiró profundamente, casi como si estuviera oliendo el aroma de aquellas palabras.
-Echaba de menos que me lo dijeras -dijo, y volvió a respirar profundamente- He echado de menos la luz de tu cara cuando me lo dices -dijo acariciándole la mejilla.
-Te quise cuando era un niño de diecisiete años -le dijo Jaejoong con dulzura- Y, desde entonces, nunca he dejado de amarte. Sólo que, a veces, me olvidaba.
-Y ocultaste tus sentimientos, convirtiendo las noches en un infierno -dijo Yunho con un profundo suspiro- Todas esas noches silenciosas y oscuras. Eran como un castigo.
-Vámonos a casa -murmuró Jaejoong que deseaba abrazarlo desnudo en la luz de su dormitorio- ¿No nos podemos ir?
-¡Claro que podemos! -dijo Yunho levantándose de la mesa- Soy el jefe, esto es mío.
-Mmm, ya me había olvidado de que eres multimillonario -dijo Jaejoong, mirándolo reflexivamente- Eso significa que, si nos divorciamos, la mitad de tus propiedades son mías. Me pregunto si merecerá la pena...
Yunho lo agarró por los hombros y lo condujo hacia la puerta.
-Vámonos a casa. A la nueva. Le dejaremos los niños al ama de llaves e inauguraremos una de las habitaciones, así podré enseñarte la más valiosa de mis propiedades.
-Parece interesante -musitó Jaejoong.
-Será algo más que eso.
-Estoy en una condición muy delicada, ya lo sabes.
-Lo que no ha supuesto ningún problema hasta ahora. De hecho, te recuerdo que sueles ser más sensible cuando estás así.
En aquel momento, se abrió la puerta del despacho y los niños entraron corriendo.
Yunho agarró a Leo, que estaba muerto de sueño.
El niño apoyó la cabeza en el hombro de su padre, y Jaejoong no pudo evitar una sonrisa al ver la escena.
Bajaron en ascensor y se dirigieron al aparcamiento.
Yunho llevaba a Leo en un brazo y con el otro rodeaba los hombros de Jaejoong. Hiro se había convertido en un piloto de caza que amenazaba con atacarlos según avanzaban y Jiji iba agarrada con fuerza de la mano de su madre.
-Nunca volveré a hacerlo, mamá -le había dicho hacía unos instantes. Y Jaejoong sabía que cumpliría su promesa.
Era un día soleado y la mitad de los empleados estaban asomados a las ventanas para ver a la familia del dueño de la empresa.
-No puedo creerlo -dijo un hombre- Sabía que estaba casado, ¡pero cuatro hijos!
-Llevo años trabajando para él -puntualizó otro- Y no sabía que estaba casado. Siempre ha sido demasiado duro, no sé cómo una criatura como ésa puede haberse casado con un hombre así.
-Ahora no parece tan duro -señaló el primero-. Al revés, tiene un aspecto muy amable. Puede que en su casa sea diferente.
-Puede que él no sea tan dulce como parece -dijo el segundo-. Después de todo, si tienen cuatro hijos, significa que...
-¿Y mi coche? -preguntó Jaejoong.
-Haré que lo lleven esta tarde.
-No mientras tenga las llaves aquí mismo -dijo Jaejoong con un aplomo muy delicado.
Yunho murmuró algo entre dientes, cambió al pequeño Leo por las llaves del coche de Jaejoong, y después de abrir el coche les dijo a los mellizos que se metieran en el asiento de atrás. Abrió la puerta del acompañante y ayudó a Jaejoong a entrar.
Los empleados que miraban desde las ventanas, lo vieron volver al edificio y aparecer al cabo de unos segundos con Junsu, del departamento de ventas, el joven que había acompañado a Jaejoong hasta su despacho.
Yunho le dio las llaves y señaló el coche blanco.
Yunho montó en el BMW y, un momento después, salió para abrir la puerta de atrás. Los niños salieron a toda velocidad y él fue a abrir la puerta del acompañante. Recogió a Leo y todos juntos se dirigieron hacia el Escort. Yunho cruzó unas palabras con Junsu y se intercambiaron las llaves. La razón del cambio de coche quedó clara cuando sentaron a Leo en su sillita. Junsu se dirigía al BMW cuando Jiji lo detuvo. La niña miró a su padre, que a su vez miró a Junsu, quien se encogió de hombros, sonrió y la agarró de la mano. Los dos se dirigieron al BMW y los demás al Escort.
-Santo Dios -dijo alguien- ¡Lo tienen en el bote! Me pregunto cómo lo hacen. Saberlo puede valer una fortuna.
-Ojos azules, pelo rubio y un cuerpo delicioso, aunque esté embarazado, ésa es la fórmula.
-Yo creía que tenía una aventura con HyungJoong Kim -murmuró otro.
-¡HyungJoong Kim!
-Perdón. Es verdad, es una idea muy estúpida.
-Qué niños tan guapos -dijo alguien.
-Qué doncel tan guapo -dijo otro.
-Qué coche tan bonito -dijo riendo el siguiente.
-¿Su casa es bonita?
-Su negocio es bonito -dijo algún bromista.
-Bonito panorama. Venga, todos a trabajar -gritó un jefe.
-Recuérdame que compre una sillita para mi coche -dijo Yunho.
-¿Qué? ¿Y echar a perder tu imagen de despiadado hombre de negocios?
-¿Qué imagen de despiadado hombre de negocios? ¿Te has molestado en mirar a las ventanas del edificio?
-No, ¿por qué? -dijo Jaejoong, volviéndose a mirar en aquellos instantes y observando a los curiosos- ¿Te van a gastar bromas sobre nosotros?
-En mi cara, no, si tienen un mínimo instinto de supervivencia. Aunque sabe Dios lo que dirán a mis espaldas.
-No importa -dijo Jaejoong, apoyando una mano sobre la pierna de Yunho-. Despiadado o no, todos te queremos.
-Deja la mano donde está y dirán que soy un maníaco sexual.
-¿Qué es un maníaco sexual? -preguntó Hiro. Jaejoong profirió una risita y apartó la mano. Yunho miró al cielo y suspiro.
-Cuando seas mayor, hijo -dijo- Te lo explicaré cuando seas mayor.
-¿Me lo vas a explicar a mi también cuando sea mayor? -dijo Jaejoong. Yunho le dirigió una ardiente mirada.
-Haré algo mejor que eso. Te haré una demostración en cuanto estemos a solas.
-Con la luz encendida, para que pueda...
-¡Jaejoong! -exclamó Yunho, cerrando los ojos- No sabes cuánto deseo hacerlo.
-Sí que lo sé -le dijo Jaejoong, y su mirada le dijo por qué. La mirada de Yunho se ensombreció.
-Sigue pensando lo que estás pensando -dijo, y aceleró.
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