CAPÍTULO 6
¿Si alguna vez Jaejoong... qué? Se preguntaba Jaejoong metido en el pequeño cuarto de baño de Leo mientras esperaba a que Yunho saliera de su dormitorio para no tener que encontrarse con él.
¿Si alguna vez Jaejoong descubría que había habido otro doncel? Bueno, Jaejoong ya lo había descubierto.
¿Si alguna vez Jaejoong decidía crecer?, se dijo cínicamente, y se miró al espejo con cierto sobresalto, porque era casi como mirar a otra ñ persona.
«Mírate, se dijo. Escondiéndote aquí cuando ni siquiera tienes que usar el baño. No te atreverías a bañarte por miedo a que el agua te estropeara el peinado, ni a lavarte por si no puedes rehacer el maquillaje. Yunho te va a invitar a cenar, pero sólo porque se siente culpable. y, además, espera salir con la persona que acaba de conocer, la misma que te mira desde el espejo, pero esa persona no es más que una ilusión. Un disfraz bajo el que el verdadero Jaejoong está tratando de ocultarse>>
Oyó que se cerraba una puerta y luego el andar característico de Yunho, que bajaba las escaleras. Jaejoong dio un profundo suspiro, miró de reojo al doncel del espejo y salió de su escondite. En el brazo llevaba uno de los conjuntos que se había comprado, y lo colgó en la puerta del guardarropa, luego, se alejó unos pasos, preguntándose si se atrevería a ponérselo o no.
Era muy sexy. De encaje color rubí y seda negra, la camisa dejaba al descubierto los hombros y buena parte de la espalda. La dependienta se había dado cuenta de su desconcierto al ver cuánto exponía su cuerpo y había ido a buscar una chaquetilla de terciopelo negra con mangas y cuello alto, que sólo dejaba expuesto el tentador escote.
¿Iba a ponérselo o no?, se preguntó reflexivamente. ¿O se ponía el traje negro que llevaba normalmente cuando salía con Yunho?
Jiji entró apresuradamente en la habitación, colorada y oliendo a polvos de talco. Se acercó a Jaejoong y abrió mucho los ojos al ver el traje nuevo.
-¿Te lo vas a poner, mamá? -preguntó con dulzura. -No lo sé -respondió Jaejoong con incertidumbre- Puede que... lo mejor sea ponerme mi traje negro... -dijo extendiendo el brazo para sacarlo del armario. La niña lo detuvo.
-¡Pero no puedes ponerte eso! -exclamó con horror- Papá se ha puesto su esmoquin con pajarita ¡esta guapísimo!
Jaejoong frunció los labios. Sin duda, el maravilloso papá de Jiji merecía algo mejor que su viejo traje negro.
-Además, ese traje negro es muy aburrido -dijo la niña.
«Aburrido», se repitió Jaejoong. Era una palabra con la que estaba muy familiarizado las últimas semanas.
-Bueno, entonces, me pondré el rojo -dijo. Si el viejo Jaejoong era aburrido, el nuevo estaba decidido a no serlo- Ve a ayudar a la abuela mientras yo me visto.
Se agachó y le dio un beso en la mejilla. Jiji salió corriendo de la habitación. A Jaejoong le dio la impresión de que estaba impaciente por ayudar a su abuela, orgullosa de colaborar a que sus padres pudieran salir.
Se vistió y bajó. Sus hijos y su suegra, que estaban cenando en la cocina, se quedaron boquiabiertos. Había llegado el momento de saber la opinión del verdadero experto, pensó deteniéndose antes de entrar en el salón. Jiji tenía razón, se dijo observándolo al entrar, Yunho estaba guapísimo con el esmoquin. Pero se trataba de algo más que del elegante corte del traje, era el hombre que lo llevaba el que marcaba la diferencia. Tenía un aire de madurez y sofisticación que parecía aumentar el innato atractivo que siempre había tenido.
Estaba junto al mueble bar, sirviéndose una tónica, y no se había dado cuenta de su presencia. Jaejoong se alegró porque así tenía tiempo de calmar el efecto que tenía sobre sus sentidos. Llevaba el pelo tan informal como siempre, ni muy corto ni muy largo, con un peinado ni moderno ni anticuado. Y eso decía mucho de su carácter. Yunho siempre dejaba huella en la gente porque no era ni muy convencional ni demasiado extravagante. Era un hombre con una gran confianza en sí mismo, pero que mantenía en el misterio una parte de su personalidad, lo que le hacía aún más atractivo.
Jaejoong no podía dejar de sentirse intimidado ante aquel hombre y pasaba nerviosamente los dedos por el borde de la chaquetilla. No solía pensar en él en aquellos términos. De hecho, no solía pensar en él como otra cosa que no fuera su marido. Ésa era otra novedad a la que tenía que hacer frente, que pudiera sentirse intimidado por un hombre con el que llevaba viviendo siete años.
Yunho se dio la vuelta y lo vio en el umbral de la puerta. A Jaejoong le dio un vuelco el corazón al ver que fruncía el ceño y lo observaba de arriba abajo, pero no podía ver bien la expresión de sus ojos.
«Se esconde, huye de mi», se dijo Jaejoong, «lo hace todo el tiempo». Incluso en aquellos instantes en que veía cómo observaba su nuevo peinado y su rostro maquillado, no podía saber lo que estaba pensando. El traje era mucho más fino que cualquier cosa que se hubiera puesto en su vida, realzaba su esbelta figura, sus piernas largas y bonitas, pero Yunho lo observó sin dar la menor muestra de aprobación o disgusto.
Luego, sin previo aviso, un brillo de emoción cruzó por sus ojos antes de desaparecer de nuevo.
Jaejoong se sobresaltó, porque estaba seguro de que sus ojos no revelaban otra cosa que tristeza. Pero, ¿por qué debía Yunho sentir tristeza al ver a su doncel vestido para salir con él?
O, tal vez, no fuera tristeza, tal vez fuera su conciencia culpable. ¿Qué había dicho su madre? «Lo tienes guardado entre algodones». Aquella frase debía haberle calado muy hondo, y, en aquellos instantes, allí estaba él, distinto, convertido en otro doncel. Y Yunho debía saber que él nunca habría llegado tan lejos si él no lo hubiera hecho sentirse tan inseguro.
-¿Quieres algo de beber antes de que nos vayamos? -preguntó Yunho.
Jaejoong se dio cuenta de que no iba a hacer ningún comentario sobre el traje y sintió una gran decepción.
-No... gracias -replicó con voz grave- ¿Has... has reservado mesa?
Yunho sonrió.
-Sí -dijo-. ¿Nos vamos?
Jaejoong se sentó en el BMW. Se sentía intranquilo y no dejaba de mirarse las manos mientras Yunho aceleraba en dirección al centro de Seúl. Jaejoong montaba pocas veces en aquel coche, porque cuando salían solían hacerlo con sus hijos y era su Ford Escort blanco el elegido. Así que se sentía algo extraño en aquel coche. En realidad, se sentía extraño con todo, incluso consigo mismo.
-¿Adónde vamos? -preguntó sin mucho entusiasmo. Se dio cuenta de que Yunho lo miró, y volvió la cabeza para mirarlo. El volvió a mirar a la carretera. Tenía la mandíbula apretada.
Mencionó un club con restaurante y sala de baile y Jaejoong sintió un hormigueo en la piel. Era uno de los sitios más frecuentados por los ricos y famosos, Jaejoong pensaba que había que tener cierto estatus para ser admitido en uno de aquellos lugares y la naturalidad con que Yunho mencionó aquel club le hizo sentirse aún más incómodo.
-La comida es buena -decía sin darle importancia- Lo bastante buena como para tentar incluso los apetitos más frágiles.
¿Se refería a él? Podría ser, desde hacía algún tiempo, no tenía mucha hambre. La comida se convertía en un problema cuando tenía que vivir con un nudo permanente en la garganta.
-Entonces, lo conoces -dijo.
-He estado una o dos veces.
¿Con HyungJoong? Jaejoong no pudo evitar aquel pensamiento, que provocó que permaneciera en silencio el resto del camino.
Yunho no estaba más alegre que él. Lo guió a través del vestíbulo del club, iluminado con luz indirecta para realzar el lujo del lugar.
-Buenas noches, señor Jung -le saludó un hombre bajo, calvo y gordito, con acento francés. Luego se inclinó educadamente para saludar a Jaejoong.
-Buenas noches, Claude -respondió Yunho con una familiaridad que provocó la mueca de Jaejoong-. Me alegro de que hayáis podido encontrar una mesa para nosotros habiéndolos llamado con tan poca antelación.
Claude se encogió de hombros de un modo típicamente europeo.
-Ya sabe, señor, para personas como usted siempre tenemos sitio. Por aquí, por favor.
Yunho agarró a Jaejoong por la cintura. Jaejoong miró a su alrededor, mientras seguían a Claude, tratando de no demostrar lo impresionado que estaba por el lujo del lugar.
Siempre que había salido con Yunho habían ido a alguno de los restaurantes del barrio, indio, chino o italiano. Él no llevaba más que unos vaqueros y una camiseta, tal vez una chaqueta de esport, y él llevaba una ropa igualmente informal. Solían sentarse relajadamente y compartir una botella de vino con la relajada intimidad de dos personas que se encuentran a gusto en compañía del otro. Pero Jaejoong dudaba de que pudiera relajarse en aquel lugar. No podía imaginar, por ejemplo, a Yunho robándole del plato una gamba, su comida favorita, como solía hacer, o a él mismo inclinándose sobre la mesa para darle una, sosteniéndola entre los dedos.
Aquel ambiente no inspiraba aquella clase de intimidad. En realidad, se dijo mientras la admiración era reemplazada por cierto desprecio, encontraba que allí no había ambiente en absoluto, aparte del que decía: «Comemos aquí no porque nos guste, sino porque está de moda».
-No te gusta -le dijo Yunho, observando su expresión.
-Todo es... muy bonito -replicó él.
-Bonito -repitió Yunho con ironía- Resulta que es uno de los mejores restaurantes de Seúl, y a ti sólo te ocurre decir que es «bonito».
-Lo siento -dijo Jaejoong-. ¿Debería estar impresionado?
-No -dijo Yunho, pero tenía la mandíbula apretada.
-¿O lo que debería impresionarme es que consigas mesa con tanta facilidad? Ten cuidado, Yunho, o empezaré a sospechar que tratas de impresionarme.
-Y es una posibilidad demasiado ridícula como para que la tengas en cuenta, ¿no? Jaejoong reflexionó un momento acerca de aquel comentario, mientras paseaba la mirada por las otras mesas, ocupadas por elegantes personas luciendo elegantes vestimentas. Luego miró a Yunho.
-Francamente, sí -replicó con desdén- Yo creía que los dos sabíamos que no tenías que hacer nada para impresionarme.
Yunho suspiró con impaciencia.
-Jaejoong, no te he traído aquí para que discutamos. Yo sólo quería...
-¿Darme un trato especial? -sugirió Jaejoong con sarcasmo.
-¡No! ¡Quería complacerte, sólo complacerte! -dijo Yunho con amarga intensidad.
-¿Enseñándome cómo vive tu otra mitad? -preguntó Jaejoong burlonamente.
-¿Mi otra mitad? -dijo Yunho con desconcierto- ¿Qué diablos quieres decir con eso?
-Tu otro yo, ése del que yo no sé nada -dijo Jaejoong, añadiendo para sí: «el Yunho que ha ido creciendo más y más mientras el otro se ha ido desvaneciendo poco a poco sin que yo me diera cuenta»-. El que se siente como pez en el agua en lugares como éste.
Un brillo cruzó la mirada de Yunho.
-¿Habrías preferido que, así vestidos, fuéramos a un chino? Te has tomado muchas molestias para conseguir una nueva imagen, Jaejoong. Y esto... -dijo señalando a su alrededor- es lo que coincide con él. Depende de ti elegir si lo prefieres o no.
Su respuesta fue «no», e hizo una mueca al darse cuenta de lo que aquella respuesta significaba. No se encontraba a gusto así vestido y aquel ambiente no era el suyo. Pero estaba tan claro que sí era el de Yunho, que le daban ganas de llorar. ¿Les quedaría algo en común?
-¿Y tú la prefieres? -le preguntó-. ¿Prefieres mi nueva imagen? Yunho se reclinó sobre su silla. Tenía una extraña expresión.
-Me gusta tu pelo -admitió al cabo de un momento-, pero no estoy seguro de que me gusten tus razones para haber cambiado. El traje también me gusta. Es precioso, pero no me gusta lo que hace con el doncel que...
En aquel momento, un camarero se detuvo junto a Jaejoong y les ofreció la carta.
-La carta, señores -,dijo.
-Gracias -,dijo Yunho y despidió al camarero con un ademán. El camarero se marchó con una inclinación de cabeza.
-Has sido un poco brusco con él -dijo Jaejoong-. ¿Qué te ha hecho para que le trates así?
-Me ha interrumpido cuando trataba de hacerte un cumplido.
Jaejoong lo miró con ironía.
-Si llamas a eso cumplidos, Yunho, te diré que no me impresiona tu estilo.
Yunho hizo una mueca.
-De acuerdo -asintió-, me cuesta acostumbrarme a tu nueva imagen Jaejoong… -dijo Yunho, inclinándose hacia delante y agarrándole la mano a Jaejoong- eres muy guapo, no hace falta que te lo diga… -«¿No hace falta?», se preguntó Jaejoong- pero no, por favor, no dejes de ser la encantadora persona que eres sólo porque quieres probarme algo.
-No he hecho esto por ti, Yunho -dijo Jaejoong con frialdad- Lo he hecho por mí mismo; ya era hora de crecer.
-Oh, no, cariño -murmuró Yunho-, estás equivocado. Yo...
-¡Por todos los diablos, pero si es el mismísimo Yunho Jung! -dijo una voz.
-Maldita sea -murmuró Yunho, apretando la mano de Jaejoong y volviéndose para mirar al intruso.
-Yoochun -le saludó poniéndose en pie- Creía que estabas en Estados Unidos -dijo estrechándole la mano.
Jaejoong se fijó en él. Era atractivo y tendría la misma edad que Yunho. Era rubio y delgado, y tenía unos ojos verdes cuya mirada podría atravesar una armadura si se lo proponía.
-He vuelto hace un mes -respondió Yoochun-. Eres tú el que ha estado fuera de la circulación últimamente -dijo mirando con una curiosidad puramente masculina a Jaejoong-. ¿Tiene esta hermosa criatura la culpa? -preguntó con suavidad. Luego miró a Yunho y le preguntó--: ¿Qué ha ocurrido con el encantador Hyu..
-Mi doncel -le interrumpió Yunho.
Jaejoong, sin embargo, imaginó el nombre que Yoochun iba a pronunciar.
-Jaejoong-añadió Yunho con un gesto de la mano- Yoochun Park. Tenemos el mismo abogado.
Yoochun miró a Yunho pensativamente.
-Vaya, .vaya -murmuró antes de rodear a Yunho para ofrecerle la mano a Jaejoong.
Jaejoong estaba demasiado ocupado tratando de recordar por qué le sonaba aquel nombre como para pensar en lo que aquel pequeño comentario significaba. Yoochun era el dibujante de la sección política del Gazette, y tenía un humor mordaz. Tenía la infalible capacidad de captar las debilidades de la gente y utilizarlas de modo que podía convertir a la persona más eminente en el mayor hazmerreír. Aquella habilidad también le había convertido en una celebridad de la televisión.
-Ahora entiendo por qué nadie ha visto a Yunho durante semanas -murmuró cuando Jaejoong le tendió la mano- Te has casado -añadió con suavidad- No hay duda de que tu gusto ha mejorado, Yunho.
Jaejoong supo que lo estaba comparando con HyungJoong. -Gracias -respondió en lugar de Yunho, que estaba tan tenso que no parecía capaz de pronunciar palabra aunque quisiera- He oído hablar de usted, señor Park. Admiro su trabajo.
-¿Un admirador? -replicó Yoochun con humor- Dígame una cosa... -añadió haciendo ademán de retirar una silla para sentarse.
-Yoochun, cariño, ¿no te olvidas de algo? -dijo un doncel interrumpiéndole. Con un gesto de fastidio, hecho para que Jaejoong lo viera, se irguió y se dio la vuelta.
-Disculpa -dijo-, pero debes entender que tenía que saborear este momento. Este hombre ha sucumbido a los encantos del matrimonio -dijo con un suspiro y se volvió a Yunho agarrando a su acompañante por la cintura- Henry, éste es Yunho Jung, de quien, sin duda habrás oído hablar.
-¿Y quién no? -añadió Henry con sequedad- Todos esperábamos con impaciencia el resultado de la venta de TVXQ'S.
Jaejoong bajó la vista, preguntándose si sería la única persona del mundo que no sabía lo importante que había sido la venta de TVXQ'S.
-Encantado de conocerte -dijo Henry.
Yunho se limitó a responder con una sonrisa. Tenía los ojos fijos en Yoochun, que miraba a Jaejoong con un no disimulado interés.
-Nos gustaría que os sentéis con nosotros, pero ya hemos pedido la cena -mintió.
-No te preocupes -dijo Yoochun con una sonrisa- No tenemos ningún deseo de interrumpir a unos recién casados.
Yunho abrió la boca para corregir el error, pero la mirada de Jaejoong le obligó a guardar silencio. «¡No!», le decían sus ojos, «¡No les digas la verdad! Conoce a HyungJoong, así que no me pongas en ridículo diciéndole que llevamos casados siete años y que nuestros hijos tienen seis».
Yunho apartó la mirada y apretó los labios con un gesto sombrío y lleno de frustración.
Jaejoong se sentía tan mal que le daban ganas de salir corriendo para no tener que hacer frente a su humillación.
Entonces, Yunho hizo algo inesperado y extraño. Lo agarró por la barbilla, se inclinó y, allí mismo, ante la sociedad más refinada de Seúl, lo besó apasionadamente.
Cuando se separó, Jaejoong vio en su mirada un dolor tan profundo que se le llenaron los ojos de lágrimas.
-Ya veo que la luna de miel no ha terminado -dijo Yoochun Park-. Vamos, Henry, creo que debemos dejar solos a estos dos tortolitos.
-¿Qué quieres cenar? -preguntó Yunho al cabo de un rato.
Absorto, desconcertado y excitado por el inesperado beso de Yunho, y conmovido por la expresión de su mirada, Jaejoong tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en lo que había dicho.
-Pues... -dijo mirando la carta sin poder leer una palabra- Pues… -El corazón le palpitaba y en sus labios ardía el recuerdo de aquel beso apasionado. -Pídeme lo que quieras -dijo por fin apartando la carta.
Yunho llamó al camarero con un gesto. Luego le pidió la cena con tal sequedad que el camarero se movió nerviosamente hasta el momento de desaparecer, como si en aquella mesa hubiera demasiada tensión para poder soportarla.
Jaejoong se preguntó si el camarero habría visto cómo se besaron, si lo habría visto toda aquella gente. Con un rubor en las mejillas, miró de reojo a su alrededor, pero nadie parecía prestarles interés. Se retorció las manos bajo la mesa y habló con normalidad.
-¿Cómo conociste a Yoochun Park? -le preguntó a Yunho. Yunho se encogió de hombros.
-Heredó un par de pequeñas empresas de su padre -le respondió- No las quería, así que me las vendió.
-Me gusta su trabajo. A mí no se me daba mal dibujar, así que supongo que puedo apreciar mejor su talento.
-También has podido apreciar su encanto, ¿no? -dijo Yunho, apretando la mandíbula.
Jaejoong se sobresaltó. ¿Yunho celoso?
-¿Por eso me has besado así? Una mirada cegadoramente amarga cruzó el semblante de Yunho.
-Te miraba como si fueras un plato del menú -respondió-. No quería que tuviera ninguna duda de a quién perteneces.
¿Pertenecer? Sí, él pertenecía a Yunho, pero Yunho no parecía pertenecerle a él.
-¿Hay alguien, en este otro mundo en el que te mueves, que sepa de mi existencia o de la de los niños? -le preguntó con brusquedad.
-Mi vida privada no es asunto de nadie -respondió Yunho-. Sólo me mezclo con ellos por interés, eso es todo. Ahora, ¿podemos dejar el tema? A no ser, por supuesto, que los encantos de Yoochun Park te parezcan más interesantes que mi compañía, en cuyo caso, puedo llamarlo para que os doréis la píldora mutuamente.
¡Vaya, estaba celoso! La idea complacía mucho a Jaejoong.
-Bueno, al menos, no hace callar a su acompañante cada vez que abre la boca -replicó Jaejoong con dulzura, observando con una sensación de triunfo el semblante cada vez más serio de Yunho.
Gracias a Dios, llegó el primer plato, porque estar allí sentados sin más deseos que lanzarse pullas continuamente, convertía la comida en la mejor opción.
Jaejoong pensó que no podría probar bocado, pero Yunho había pedido para él una mousse de salmón que estaba deliciosa. Iba por la mitad cuando Yunho estiró el brazo y le acarició el dorso de la mano.
-Jaejoong -murmuró con voz grave. Jaejoong levantó la vista y le miró a los ojos- ¿Por qué no intentamos pasarlo bien al menos esta noche? No quiero pelear contigo, sólo quiero ...
-¡Yunho, cuánto me alegro de verte!
Yunho frunció el ceño con irritación y Jaejoong se sintió decepcionado ante la nueva interrupción, porque, después de mucho tiempo, se había dejado sumergir en la hermosa mirada de sus ojos grises.
Aquella vez, Yunho ni siquiera se levantó para saludar a quien los interrumpía, una pareja de mediana edad que se había detenido junto a él. Ni siquiera les presentó a Jaejoong. Se limitó a cumplir con la más estricta cortesía, dejándoles claro que no quería ser interrumpido.
-Ahora ya sabes por qué no me gusta traerte a estos sitios -dijo-. Nos van a estar interrumpiendo durante toda la noche.
-¿Y qué tiene de malo? -preguntó Jaejoong ofendido porque veía la irritación de Yunho como un signo de su reticencia a presentarlo como su esposo.
-Porque, cuando salimos, me gusta tenerte para mí solo -respondió Yunho y volvió a mirarlo como antes, con aquella mirada oscura y posesiva que le hacía un nudo en el estómago.
Pero tenía razón. Volvieron a interrumpirlos al menos otras tres veces durante el curso de la cena. Finalmente, Yunho le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse.
-Vamos -dijo-, podemos ir a bailar. Al menos, mientras estemos bailando, la gente no se atreverá a interrumpirnos.
Lo llevó de la mano a través de las mesas hasta unas puertas cerradas que se abrieron al empujarlas con la mano. En aquella sala había menos luz. Desde la entrada, apenas se distinguía el otro lado, donde había una barra y un pequeño estrado donde una orquesta tocaba una pieza de jazz muy tranquila.
Yunho lo llevó hasta la pista de baile y lo tomó entre sus brazos. Al instante, Jaejoong se vio asaltado por una extraña sensación de incertidumbre, como si Yunho fuera un extraño. Un extraño alto y moreno que apelaba a sus sentidos y hacía que se sintiera como un doncel.
Pero no era ningún extraño, sino Yunho, pensaba mientras comenzaban a moverse al ritmo de la música. Ningún extraño, sino el hombre con el que llevaba casado siete años.
Sin embargo, aquel Yunho era extraño para él, y no sólo porque estuviera compartiendo con él una noche en su mundo. En realidad, era un extraño desde hacía pocas semanas.
No pudo evitar un suspiro lleno de tristeza. Y Yunho debió darse cuenta, porque apretó la mano que él apoyaba sobre su pecho y lo atrajo hacia sí con la mano que apoyaba en su cintura. Pero se detuvo al instante. Una repentina quietud los asaltó cuando la mano de Yunho rozó la espalda desnuda de Jaejoong.
Tuvo que cerrar los ojos, estremecido por una oleada de sensaciones. Trató de combatirla y movió la cabeza para respirar otro aire que no fuera el que impregnaba el olor del cuerpo de Yunho. Pero él lo detuvo apoyando en su nuca la mano que tenía la suya agarrada.
-Déjate llevar -susurró. Jaejoong dio un respingo. La primera vez que bailaron juntos él llevaba una camiseta cortada por encima del ombligo y él metió la mano por debajo. Aquella vez llevaba una chaquetilla de terciopelo, algo mucho más sofisticado, pero tuvo la misma reacción ardiente y torrencial, que siseaba como el agua sobre el carbón ardiente. Le palpitaba el corazón y se estremeció al notar que Yunho recorría su espalda.
«No», se dijo, «no dejes que te haga esto».
Pero todo el vello de su cuerpo se erizó en respuesta a las caricias de Yunho. Cerró los ojos y arqueó un poco el cuerpo, de modo que rozó con su pecho el de Yunho. Yunho se puso rígido y luego se agitó, presa de una necesidad tan vieja como el tiempo y dejó escapar un Suspiro.
-No ha cambiado ni un ápice, ¿verdad? -dijo- Seguimos teniendo el mismo efecto el uno sobre el otro.
Tenía razón, se dijo Jaejoong. Y con un último suspiro, que provenía de lo más profundo de su interior, se dejó llevar e hizo lo que estaba deseando hacer tan desesperadamente y lo besó.
Fue la primera vez desde hacía semanas que se acercaba a él intencionadamente.
Yunho respiró profundamente y dejó escapar el aire poco a poco.
-Vámonos a casa -dijo con voz ronca- No es esto lo que quiero que hagamos.
-Yo... -dijo Jaejoong. Estaba a punto de ceder. Se sentía como si ya no tuviera nada que reprocharle. Pero entonces, otra persona les interrumpió, con una voz burlona y familiar, y aquella sensación se hizo añicos.
-Vaya, pero si es el mismo Don Juan en persona y con una nueva conquista...
Que gente tan tonta e imprudente. Lástima, parece ser que han echado a perder su reconciliación. Pero quien es el impertinente que habló?
ResponderEliminarGracias!!! ❤️💕💞