CAPÍTULO 7
Jaejoong cerró los ojos. Al reconocer aquella voz, apoyó la cabeza sobre el hombro de Yunho, que se había puesto rígido como una tabla.
-Sabes que está casado, ¿verdad, querido?
Obviamente, Boa no había reconocido a Jaejoong.
-Lleva casado siete años, nada menos -prosiguió- Con un chico precioso, aunque un poco soso que, en estos momentos, estará sentado en casa cuidando de sus tres hijos mientras su querido marido seduce a todas las mujeres y los donceles que se le ponen por delante.
-A todas no, Boa -replicó Yunho fríamente- A ti siempre me ha resultado muy fácil rechazarte.
¿Es que Boa había andado detrás de Yunho?
Levantó la cabeza y vio la expresión cínica de Yunho y entonces, otro velo cayó de sus ojos confiados. Yunho se dio cuenta y su mirada se ensombreció.
Siempre había aceptado que Yunho y Boa no se llevaban bien, sin preguntarse por qué. Al saber la razón, se sintió muy mal.
-Los hombres siempre deben desconfiar de una mujer a la que han rechazado, Yunho -dijo Boa-. Después de todo, es una de nuestras pequeñas armas.
-Y tú la has usado con sabiduría, ¿verdad? -repicó Yunho-. Apuntando directamente al punto más débil.
-A propósito, ¿cómo está Jaejoong? ¿Tiene el pobre alguna idea de lo pronto que has sustituido a HyungJoong?
Jaejoong ya había oído bastante. Se separó un poco de Yunho y se volvió para mirar a la que en otro tiempo fuera su mejor amiga.
A Boa se le mudó el color de la cara y, sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó.
Tampoco Yunho y él hablaron al salir de club y andar hasta el coche.
-¿Cuánto tiempo? -le preguntó una vez en el interior del coche.
-Años -respondió Yunho, avanzando entre el tráfico.
-¿Y alguna vez se te pasó por la cabeza acostarte con ella? -preguntó Jaejoong y observó que Yunho apretaba el volante con fuerza. Aquella pregunta ofendía su dignidad, pero Jaejoong tenía derecho a hacerla.
-No, nunca -respondió.
-¿Por qué no?
-Me deja frío.
-Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?
-Porque confiabas en ella -dijo Yunho, cruzando con él una mirada sombría- Nunca oculté el hecho de que no me gustaba -le dijo.
-Pero tampoco hiciste nada para abrirme los ojos -dijo Jaejoong- Bastaba una palabra, Yunho, una sola palabra. Con decirme que me estaba utilizando para conseguirte, habríamos evitado la pequeña escena de esta noche.
-¿Sabiendo lo mucho que te habría dolido la verdad? Sólo un canalla habría hecho algo así.
Al llegar a casa, se dirigió directamente a las escaleras, sin molestarse en ir a saludar a Hyori.
-Me duele la cabeza -le dijo a Yunho, lo que no era mentira- Por favor, pídele disculpas a tu madre de mi parte.
Todavía no se había dormido cuando Yunho entró en la habitación después de llevar a su madre a casa, pero fingió que lo estaba. Fue consciente de cada movimiento de Yunho, que se metió en la cama desnudo, como de costumbre. Se acostó boca arriba, cruzó los brazos por detrás de la cabeza y se quedó mirando al techo, mientras él yacía muy quieto a su lado. Deseaba con toda su alma que el destino los cubriera con un velo y borrara las últimas semanas de su existencia, como si nunca hubieran ocurrido.
Pero el destino no fue tan amable de responder a su súplica y siguieron allí acostados largo tiempo. La tensión era tan evidente que Jaejoong empezó a sentirse sofocado. Entonces, Yunho dejó escapar un suspiro y apoyó una mano sobre su cuerpo. Él no pudo evitar volverse y echarse en sus brazos. Probablemente, necesitaba lo que iba a ofrecerle tan desesperadamente como él. Se amaron con un frenesí casi tan insoportable como el silencio anterior.
HyungJoong visitó a Jaejoong una vez más, y justo cuando creía que, por fin, iba a liberar sus reprimidos deseos, se puso muy tenso, en el mismo punto que en las noches anteriores. Yunho se dio cuenta y se quedó muy quieto viendo cómo luchaba contra los demonios que lo amenazaban y luchaba con todas sus fuerzas. Cerró los ojos para contener las lágrimas, besó a Yunho para detener el temblor de sus labios y apretó las manos sobre sus hombros para no estremecerse.
Cuando logró alejar a HyungJoong de su mente, pensó que había superado otro obstáculo. Luego, con un suspiro, besó a Yunho.
-Jaejoong -susurró él al penetrarlo.
Susurró su nombre una y otra vez, como si quisiera decirle que había compartido con él la batalla que acababa de vencer y que sabía que lo había hecho por él. Sólo por él.
Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar al clímax y, aunque sus cuerpos se movían al unísono, sólo Yunho alcanzó el orgasmo y él se quedó al borde, sin llegar, sintiéndose perdida y vacía. Fue un fracaso tan grande que ni siquiera se atrevió a pensar en eso de nuevo.
Yunho volvió a estar muy ocupado con la compra de una nueva empresa y tuvo que pasar muchas noches fuera, porque las negociaciones tenían lugar en Taiwán. Jaejoong aceptaba sus excusas sin hacer preguntas, lo que dejaba a Yunho tenso y lleno de frustración. Él se quedaba en casa sentado, atormentándose con sospechas que bien sabía que eran injustas. Yunho, a cambio, no le comentaba ninguno de sus negocios porque había decidido que no tenía por qué justificar ante él todo lo que hacía. En pocas palabras, le estaba pidiendo que confiara en él. Pero Jaejoong no podía, lo que sólo servía para poner su matrimonio en la cuerda floja. Y la vida se hacía más insoportable a medida que iban pasando las semanas.
Entonces, una tarde, cuando estaba hojeando el periódico local, que le enviaban semanalmente por correo, vio algo que le aceleró el pulso.
Aquella misma noche, Yoochun Park daba una charla sobre su obra en una facultad de Arte que había cerca de allí. La entrada era libre.
Yunho estaba fuera de la ciudad, pero, si su madre podía cuidar de los niños, ¿qué daño podría hacer a nadie si asistía a la charla?
En el fondo, sabía que sólo estaba cediendo a la necesidad de herir a Yunho donde más le dolía.
La culpa la tenía él, pensaba para justificarse mientras aparcaba su coche en un sitio vacío delante de la facultad. No debía haberse mostrado celoso de una persona como Yoochun Park. Sólo gracias a esos celos estaba allí.
Se sentó en la parte de atrás de la sala de conferencias.
No esperaba que Yoochun lo viera, y en caso de verlo, sería difícil que lo reconociera, al fin y al cabo, sólo se habían visto una vez.
Pero sí lo vio, y lo reconoció al instante. Se acercó al estrado, miró sonriendo a la audiencia, lo vio, se detuvo, volvió a mirarlo, y logró que se sonrojara al sonreír tan abiertamente que todo el mundo se dio la vuelta para ver a quién concedía el orador su atención tan abiertamente.
Él le devolvió una tímida sonrisa y se ocultó tras el cuello de su abrigo azul pálido con el deseo de desaparecer cuanto antes.
Pero, en cuanto Yoochun comenzó a hablar, volvió a relajarse. El ingenioso e inteligente discurso de Yoochun atrapó su atención. Estaba relajado y no dejaba de sonreír mientras contaba cómo se las arreglaba para captar las debilidades de sus víctimas.
En muchas ocasiones, sorprendió a Jaejoong riendo con el resto de la audiencia. Al verlo, le guiñaba el ojo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan halagado.
Al terminar, Yoochun se acercó a él, agradeciendo alegremente las muchas felicitaciones que recibía de los asistentes.
-Jaejoong... -dijo estrechando su mano- me alegro mucho de que hayas venido.
-Y yo me alegro de haberlo hecho -replicó él, sintiendo de nuevo una gran timidez- Ha sido muy interesante.
-¿Vienes a clase a esta facultad?
-Oh, no -respondió Jaejoong, sonrojándose ligeramente porque jamás habría esperado semejante pregunta. Luego pensó en el aspecto que debía tener, con unos vaqueros viejos, el abrigo azul y sin maquillaje.
No se parecía en absoluto al doncel de su primer encuentro. Más bien tenía aspecto de estudiante. -Vivimos cerca de aquí -le dijo-. Me enteré de la conferencia en el periódico local y, siguiendo un impulso, vine.
-¿Tú solo?
-Sí -dijo Jaejoong y se sonrojó aún más, sin saber por qué, ya que aquel hombre no podía saber que apenas salía- Yunho está de viaje.
-Ah -exclamó Yoochun, y le dirigió una extraña mirada- ¿Te interesa la política?
-Más bien el arte, o las caricaturas. Aunque no lo creas, se me daban bastante bien -admitió con timidez-, antes de que tuviera que dedicar la mayor parte del tiempon a mis hijos.
Le dio un vuelco el corazón cuando se dio cuenta de lo que había dicho, ya que Yoochun creía que Yunho y él se habían casado hacía muy poco.
Yoochun frunció el ceño con desconcierto y él se mordió el labio.
Por suerte, alguien les interrumpió para hacerle algunas preguntas a Yoochun. Jaejoong decidió que lo mejor era aprovechar la ocasión para marcharse, antes de que se enredaran más las cosas. Se metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta. Pero Yoochun lo agarró por el brazo.
-No te vayas -dijo- Tengo que despedirme de los organizadores, pero si me esperas, podemos ir a tomar una copa.
Jaejoong vaciló, presa de algo parecido a la tentación.
Tomar una copa, en un pub, con un hombre que no fuera Yunho no era como cruzar el límite invisible que imponía el matrimonio. ¿O sí lo era? ¡La gente lo hacía continuamente! ¡Yunho lo hacía continuamente! ¿Qué daño podría hacerle a nadie si aceptaba? ¿A quién le importaba que lo hiciera?
Probablemente a Yunho, se respondió. Pero, inmediatamente, se olvidó de ello, ya que era mucho más fuerte su deseo de revancha. Además, Yoochun le caía bien, y estaba muy interesada en lo que hacía.
-Gracias -dijo-, me encantaría.
En aquel momento, fue Yoochun quien vaciló y dirigió a Jaejoong aquella mirada pensativa que recordaba de la primera ocasión en que se habían visto. Luego asintió y le soltó el brazo.
-Cinco minutos -prometió y se marchó.
Jaejoong se quedó debatiéndose con su conciencia. Disfrutó del rato que pasaron en un pub cercano.
El lugar estaba lleno, porque más de la mitad de la gente que había asistido a la conferencia estaba en él. Yoochun y él estaban en la barra, bebiendo una cerveza.
Le encantaba estar allí, relajadamente, hablando simplemente de persona a persona y no sólo como madre o esposo. Le gustaba la cordialidad de Yoochun, su modo de escuchar, tan atento, cuando él le contó sus propias ideas, primero tímidamente y luego, con entusiasmo.
El nombre de Yunho no apareció en la conversación hasta el momento de las despedidas.
-¿Cuánto tiempo lleváis casados Yunho y tú, Jaejoong? -preguntó Yoochun.
Jaejoong suspiró, sintiendo que el placer de la noche se desvanecía.
-Siete años -respondió-. Tenemos tres hijos, dos niños y una niña. Los mayores, Hiro y Jiji son mellizos.
Yoochun sonrió, pero sin el menor asomo de humor.
-Creo que te debo una disculpa por la noche que nos conocimos -dijo.
Se refería a sus alusiones a los otros donceles de Yunho. Jaejoong sintió una punzada en el corazón, pero se encogió de hombros.
-No, no me debes ninguna disculpa -replicó- Sólo fuiste sincero. Fuimos Yunho y yo los que no dijimos la verdad. Buenas noches, Yoochun -añadió antes de que él pudiera decir algo más. No quería hablar de aquella noche, no quería saber qué más estaba pensando-. Me lo he pasado muy bien, gracias.
Se dio la vuelta para abrir la puerta de su coche. La voz de Yoochun la detuvo.
-Escucha -le dijo-, estoy pensando en dar un curso de caricaturas en esta facultad. Un día a la semana durante doce semanas. ¿Te interesaría asistir?
¿Le interesaba? Jaejoong lo miró con suspicacia. Tal vez, se le acababa de ocurrir.
-No lo sé -respondió con vacilación- ¿Hay tanta gente interesada-como para que te merezca la pena venir aquí a dar un curso?
Yoochun sonrió cínicamente. Al fin y al cabo, era una celebridad, el curso rebosaría de gente.
-Te gustará -dijo- Te lo prometo.
Jaejoong sintió un nudo en el estómago. La promesa de Yoochun implicaba más de lo que decía. En realidad, no había hecho ningún esfuerzo por ocultar que él le gustaba.
El problema era: ¿quería él alentar algo que podría llegar a ser muy peligroso?
La respuesta era «no». Su vida ya era bastante complicada como para complicarla aún más con un hombre como Yoochun Park. Y era una pena, ciertamente, porque le atraía mucho la idea de volver a tomar un lápiz y un bloc de dibujo. -Cuando sepas si vas a dar el curso -dijo fInalmente-, llámame y lo pensaré.
-¿Yoochun Park va a dar clases en ese colegio universitario tan pequeño? ¿Y por qué iba a molestarse en venir a un sitio tan poco importante? -dijo Yunho, frunciendo el ceño.
-A lo mejor porque le interesa -dijo Jaejoong un poco ofendido por el desdén de Yunho.
No le había gustado nada que saliera sin que él lo supiera, pero, al saber que fue con Yoochun Park, se puso hecho una furia.
-¿Y cómo te enteraste de que daba esa conferencia?
-Por la Gaceta Local -replicó Jaejoong-. ¿Has comido? -le preguntó cambiando de tema diplomáticamente- ¿Quieres que te haga algo?
-iNo! Lo que quiero es que me digas por qué saliste con Yoochun Park...
-iYo no salí con él! ¡Sólo fui a escuchar su conferencia! –le dijo, porque había un abismo entre eso y salir con él- ¿Qué diablos estás intentando decir, Yunho? -le preguntó comenzando a perder la paciencia-. ¿Qué hicimos todo lo posible por vemos a solas?
Yunho se ruborizó, de modo que Jaejoong supo que era eso exactamente lo que estaba pensando.
-Es muy capaz -dijo- ¡Le gustaste desde el momento en que te vio!
«Dios mío», pensó mientras una sensación de euforia se apoderaba de él, «el invencible Yunho Jung tiene miedo de que su pequeño esposo esté pensando en echarse un amante».
-Eres tú quien no confía en nuestro matrimonio, Yunho, no yo.
-Pero podrías hacerlo por venganza.
-Y tú podrías volverte paranoico con tu sentido de culpabilidad. No me metas a mí en el mismo saco -replicó Jaejoong, y, una vez más, algo le decía que no estaba siendo completamente sincero.
-No digas tonterías, yo no estoy haciendo eso -dijo Yunho, y se levantó para servirse algo de beber. -Entonces, ¿qué es lo que estás haciendo?
-Pues la verdad ... -dijo Yunho, y suspiró con desconsuelo-, la verdad es que no sé qué estoy haciendo -confesó-. ¿Vas a ir al curso?
-¿Vas a hacer de marido dominante impidiéndome ir si quiero hacerlo?
-¿Me vas a hacer caso si te pido que no vayas?
-No.
-Entonces, no merece la pena que lo intente -dijo Yunho encogiéndose de hombros y luego salió del salón.
Jaejoong se quedó allí sentado, furioso y con una sensación de impotencia. Pero, sobre todo, con un intenso desamparo. Porque tanto si discutía como si hacía el amor con él, todavía se sentía desamparado cada vez que Yunho se separaba de él.
«Tu problema, Jaejoong, es que llevas tanto tiempo viviendo para él que ya no sabes vivir para ti», se dijo y aquélla fue la razón por la que decidió asistir al curso cuando Yoochun lo llamó para decirle que todo estaba preparado.
Yunho no dijo ni palabra. Pero Jaejoong supo su opinión cuando abandonó la casa un par de semanas después para asistir a la primera clase. Y cuando volvió, no esperó a que anocheciera para compartir la cama matrimonial, sino que, en cuanto apareció por la puerta lo agarró de la mano y lo llevó a la habitación. Sin embargo, después de hacer el amor, sintieron una amarga frustración, porque, aunque se precipitó con él en el ardiente camino de la sensualidad, Yunho, de nuevo, alcanzó solo las puertas del cielo. Lo que no dejó satisfecho a ninguno de los dos.
Su talento para la caricatura emergió a lo largo del curso. Incluso Yunho se rió con las que hizo de toda la familia.
Yoochun lo animaba mucho. Nunca hacía ningún comentario personal en clase, pero después, cuando se dirigía con los alumnos a tomar algo al pub de al lado, siempre se sentaba a su lado. Jaejoong trataba de ignorar el evidente interés de Yoochun. Quería aprender de su talento, y temía, si él se ponía demasiado insistente, verse obligado a abandonar sus clases.
Llegó diciembre y Jaejoong se vio inmerso en los preparativos de las Navidades. Fue de compras muchas veces y se aprovisionó para preparar comidas adecuadas para la ocasión. La casa se llenó de actividad.
Yunho estaba todavía más ocupado y más preocupado también. Su única concesión a la necesidad de Jaejoong de ser considerado como algo más que su esposo era salir con él regularmente. Iban al teatro, al cine, salían a cenar, a bailar. Jaejoong se compró más ropa elegante, aunque normalmente seguía vistiendo como siempre. Mantuvo su corte de pelo porque le gustaba y porque era más cómodo que la melena.
Pero la tensión de su matrimonio se manifestaba en otros detalles. Se cansaba con facilidad, se irritaba por pequeñas cosas y, a veces, se echaba a llorar sin motivo aparente, lo que dejaba a su familia sumida en la preocupación.
Una tarde, su coche no arrancó cuando se disponía a ir a clase. Yunho estaba en Taiwán y no volvería hasta muy tarde. Hyori estaba cuidando a los niños. Caía aguanieve y Jaejoong contempló con desgana su casa, que acababa de abandonar, sabiendo que debía volver a entrar para llamar un taxi, pero sin la menor gana de hacerlo.
Se sorprendió al darse cuenta de que contemplaba su casa como si fuera una especie de prisión.
Dio un profundo suspiro, se subió el cuello del abrigo y bajó la calle para tomar el autobús.
Llegó a la facultad calado hasta los huesos, con el pelo empapado y aterido de frío. Con una exclamación, todos los alumnos se precipitaron para ayudarlo a secarse. Alguien le secó el pelo con una toalla de papel y otro le quitó las botas y los calcetines.
-¡Vaya! -exclamó alguien- El damito lleva calcetines de hombre.
Todos rieron, y lo mismo hizo Jaejoong. Se sentía alegre y libre por primera vez en mucho tiempo. Tenía la sudadera empapada. Yoochun le ofreció su suéter negro de lana. Se quitó la sudadera y se lo puso mientras los demás donceles de la clase formaban una pantalla para protegerlo de las miradas de los hombres.
Al final, sus ropas estaban por todos los radiadores de la clase y él no iba vestido más que con la ropa interior y el suéter de Yoochun, que le llegaba por las rodillas.
Pero sus ropas seguían húmedas cuando terminó la clase, y cambiar el cálido suéter por los vaqueros y la sudadera húmedos no le apetecía en absoluto. Cuando Yoochun se ofreció para llevarlo directamente a casa, en lugar de ir con los demás a tomar algo al pub de enfrente, Jaejoong leyó la expresión de sus ojos, pero, de todas formas, aceptó, ignorando lo que un timbre de alarma le decía en el interior de su cabeza.
Yoochun tenia un Porsche último modelo, que se deslizaba sobre la carretera mojada como si estuviera pegado a él.
-Mmm -exclamó Jaejoong con placer, cuando la calefacción del coche empezó a calentarle las piernas.
Yoochun lo miró y sonrió. Jaejoong tenía los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.
-¿Mejor? -le preguntó.
-Mmm -volvió a murmurar él- Siento que te hayas perdido tu cerveza.
-No importa -dijo Yoochun-. Prefiero estar aquí, contigo. Jaejoong sintió un escalofrío de alarma y abrió los ojos.
-En la próxima a la izquierda -dijo. Yoochun giró obedientemente.
-¿Qué le parece a Yunho que vengas a mi curso todos los jueves? -preguntó con suavidad.
Jaejoong se encogió de hombros. No quería hablar de Yunho, tampoco quería ponerse en guardia contra Yoochun.
-Me da muchos ánimos -dijo e hizo una mueca.
En realidad, Yunho odiaba que fuera a aquellas clases, y, como lo odiaba, él le pasaba su interés por las narices. No dejaba de decirle quién le había hecho recordar su amor por el dibujo.
-Pero no has hecho ninguna caricatura de él, ¿verdad? -dijo Yoochun con calma- La has hecho de los demás miembros de tu familia, pero de él no.
-No creo que quede bien -dijo- Sigue recto después del cruce.
-¿Yunho? -preguntó Yoochun con humor- Yo diría que es ideal, siendo como es una fiera en los negocios y un hombre tan normal en su casa. Si mezclas los dos, puede resultar algo muy divertido.
Jaejoong no estaba de acuerdo. Ya no veía nada divertido en Yunho. Tal vez un tiempo atrás, habría disfrutado haciendo de él una caricatura, pero ya no.
-Entonces, puede que algún día lo intente -dijo Jaejoong, sabiendo que no lo haría- Aquí es. La casa blanca con el BMW aparcado a la puerta.
Así pues, Yunho había vuelto. Jaejoong tembló, pero no de frío.
Yoochun se detuvo al pie del camino de entrada. Apagó el motor y los dos se quedaron callados, escuchando el golpeteo de la lluvia sobre el coche. Yoochun se volvió para mirarlo y Jaejoong le devolvió la mirada.
-Bueno, gracias por traerme -dijo sin hacer el menor movimiento para salir del coche. Se sentía atrapado por la expresión de Yoochun, por el calor que hacía en el interior del coche, por la sensación que le provocaba la profunda mirada de su acompañante.
-Ha sido un placer -dijo él, ausente. No dejaba de observar a Jaejoong, buscando en sus ojos algo que él no estaba seguro de estar mostrando. Entonces, se dio cuenta de que sí lo estaba mostrando, porque Yoochun se inclinó y lo besó con dulzura en la boca. Él no respondió, pero tampoco se apartó. Se estremeció y el corazón comenzó a palpitarle dentro del pecho, aunque no sabía si era porque estaba jugando con fuego o porque se sentía realmente atraído por él.
Yoochun le acarició la mejilla y el pelo sin dejar de besarlo.
Luego le acarició los labios, pidiendo la respuesta de Jaejoong. Pero al hacer eso, Jaejoong se apartó, seguro de que no era aquello lo que quería. Yoochun lo dejó y se quedó observándolo con un brillo en los ojos.
-Lo siento -dijo Jaejoong con voz temblorosa.
-¿Por qué?
Jaejoong no respondió, no podía. Lo único que quería era salir del coche. Buscó la manecilla de la puerta con una mano temblorosa.
-Tú has querido que te besara, Jaejoong -murmuró Yoochun-. No sé qué es lo que piensas ahora mismo, pero recuerda que lo has deseado tanto como yo.
Las mejillas de Jaejoong se llenaron de rubor, porque sabía que Yoochun tenía razón. Él había querido que lo besara, había querido saber qué se sentía al besar a otro hombre además de a Yunho.
Pero, en aquellos instantes, se sentía como un estúpido, y furioso consigo mismo por permitir que hubiera ocurrido. Aquello animaba a Yoochun a pensar que había para él un lugar en su vida, cuando eso no era posible. En su vida, sólo había sitio para Yunho. Él era todo lo que quería. Maldito fuera. Mil veces maldito.
Al correr bajo la lluvia hacia la puerta de la casa, se preguntó si Yunho les habría oído llegar. Miró hacia las ventanas, pero no vio nada a través de las cortinas. No lo había visto besando a Yoochun, pensó con alivio. Estaría esperando que llegara en autobús, así que incluso si lo había oído, no habría asociado el ruido del coche con su llegada.
No estaba en el salón. Miró por la puerta entreabierta del estudio, pero tampoco estaba allí. Lo encontró en la cocina.
-Has vuelto antes de lo que esperaba -dijo.
Yunho le daba la espalda porque estaba haciendo té. Estaba muy atractivo con un suéter negro y unos vaqueros.
-Le dije a mi madre que se fuera a casa -dijo poniendo dos bolsitas de té en dos tazas- Estaba preocupada porque vio tu coche, pero tú no estabas por ninguna parte. Tendrías que haberle dicho que no ibas en tu coche.
-No arrancaba -le dijo-, así que tomé el autobús. Lo siento, no pensé que fuera a preocuparse. Mañana le pediré disculpas.
Se hizo un silencio. Yunho todavía no lo había mirado. Estaba concentrado en la bandeja de té que estaba preparando. De repente, al ver la tensión de los músculos de su cuello, se dio cuenta de que estaba muy enfadado. Estaba tenso e hiciera lo que hiciese no lo miraba.
¿La había visto besando a Yoochun? Con una sonrisa nerviosa exclamó;
-¡Estoy empapado!
Quiso tener un tono alegre, pero fue patético. Tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Se sonrojó. Si Yunho lo miraba, se daría cuenta de que le ocurría algo extraño- Me voy a dar un baño caliente -dijo nerviosamente, luego añadió-: ¿Has... has cenado? Puedo hacerte algo antes de que...
-¡No! -exclamó Yunho tan violentamente que Jaejoong se sobresaltó.
Se mordió el labio, observando el evidente esfuerzo de Yunho por controlarse. Cuando Yunho levantó la vista de la tetera, aunque sin darse la vuelta, contuvo la respiración.
-No -dijo con más calma-, ya he cenado, gracias.
-Entonces... -dijo Jaejoong con vacilación, y salió de la cocina apresuradamente.
Los había visto, se dijo mientras llenaba la bañera, y se estremeció, aunque no supo si era por miedo, culpabilidad o simplemente satisfacción por haberse vengado, aunque sólo fuera un poco.
Se fue a la cama muy tenso y listo para enfrentarse a Yunho en cuanto subiera. Pero no subió. No subió en toda la noche.
No Jae, el desquitarse de esa forma no es lo mejor, porque tu conciencia no estará tranquila la al ponerte hce lo mismque él.
ResponderEliminarGracias!!! ❤️💕💞