lunes, 25 de noviembre de 2019

Infidelidad

CAPITULO 8




Los días siguientes fueron horribles. Yunho se convirtió en un extraño, hosco y poco comunicativo, que durante las noches ni siquiera lo tocaba. Los niños estaban cada vez más revoltosos, excitados con las fiestas que se aproximaban y preocupados por la situación. Jaejoong sabía que las dificultades por las que atravesaba su matrimonio les afectaban tanto como a Yunho o a él.

El problema era que no sabía qué hacer. Le habría gustado contarle a Yunho  lo que había ocurrido entre Yoochun y él, y pedirle perdón, pero no podía hacerlo. Habría sido la prueba de que le importaba lo que él pudiera pensar o decir, y había decidido no mostrar por él ningún interés.

Una mañana cayó enfermo y se pasó el día entero dando vueltas por la casa, débil y aburrido. Cuando los mellizos volvieron del colegio se pusieron a jugar, armaron tanto ruido que le dio un terrible dolor de cabeza. Se alegró de ver llegar a Yunho, porque así podría dejárselos a él y acostarse.

-¿Por qué no me has llamado? -le reprochó Yunho-. Si me hubieras dicho que no te encontrabas bien, habría venido enseguida.

Jaejoong le dio una respuesta confusa y subió las escaleras para dirigirse a su dormitorio. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza llamarlo. En realidad, pensaba metiéndose en la cama, nunca lo había llamado al trabajo. Yunho llamaba desde el despacho a menudo, pero él nunca se había molestado en llamarlo. Una vez más, se asombró del muro que se alzaba entre el Yunho hombre de negocios y el Yunho padre de familia y no pudo recordar que se hubiera atrevido a traspasar ese muro ni una sola vez.

El caso era que Yunho logró que los niños dejaran de hacer ruido. Al cabo de un rato, se quedó dormido y su sueño no fue interrumpido por ningún ruido.

Se despertó horas después. Había amanecido y Yunho estaba inclinado sobre la cama con una taza en las manos.

-Pensé que podría apetecerte esto -dijo dejando la taza humeante en la mesilla- ¿Cómo estás?

-Mejor -dijo, aunque al incorporarse no quiso hacer ningún movimiento brusco con el estómago.  Se apartó el pelo de la cara antes de tomar la taza- Gracias -murmuró.

-Puedo tomarme el día libre y quedarme en casa a trabajar, si quieres -dijo Yunho, mirándolo con detenimiento.

Jaejoong negó con la cabeza.

-No es necesario. Me siento un poco débil, pero puedo arreglármelas.

-Aun así...

Jaejoong tenía la extraña sensación de que Yunho se debatía para entre decirle algo o no.

-Creo que será mejor que no vayas a clase esta noche, con el tiempo que hace...

-Teníamos pensado salir a celebrar la Navidad -dijo soplando el humeante té de la taza- Yoochun nos va a llevar a un club. No quiero  perdérmelo.

Con el rabillo del ojo, se dio cuenta de que Yunho apretaba la mandíbula. Aunque deseaba hacerle sufrir un poco, al ver su reacción, lo pasaba muy mal.

-Ya veremos cómo te encuentras esta tarde -dijo Yunho, y se dio la vuelta para marcharse y de repente, Jaejoong sintió la necesidad imperiosa de que se quedara.

-Mis padres, como siempre, vendrán a pasar las Navidades con nosotros -dijo. Yunho se detuvo bruscamente en la puerta del baño- Pero este año tenemos un  problema...

Yunho no lo miraba, tan sólo le daba la espalda esperando a que terminara lo que tenia que decirle.

-El año pasado la habitación de Leo estaba libre.

Ahora, no sé cómo van a poder pasar aquí dos noches. No me imagino a mi padre durmiendo en el sillón de tu estudio ni a mi madre durmiendo en el sofá -dijo esta última frase con la intención de hacer gracia, pero Yunho se dio la vuelta sin la menor sombra de una sonrisa en el rostro. Jaejoong sintió un gran vacío en el corazón, aún mayor que el que tenía aquellos días.

-¿Y qué quieres que haga? -dijo Yunho-. Ya he perdido la cuenta de las veces que te he dicho que quería mudarme a una casa más grande. Pero no te has molestado ni siquiera en discutirlo. Pues mira, ahora tienes un problema que vas a tener que  solucionar tú solo. Yo no quiero saber nada.

Jaejoong se lo quedó mirando con asombro mientras salía de la habitación dando un portazo.

Aquella noche asistió a su clase de dibujo. No porque se sintiera lo bastante bien para ir, que no era así, no porque tuviera ganas, que no tenía, sino porque estaba tan enfadado con Yunho que no quería darle la satisfacción de estar en casabcuando volviera.

Pero no disfrutó de la clase. Tenía la mente ocupada en el millón de cosas que  tenía que hacer en casa, y su estómago se negaba a tranquilizarse. Estaba cansado, tenso y pálido. Y además, Yoochun pasó la mayor parte de la clase mirándolo.

Era la primera vez que lo veía con otra cosa que no fueran unos vaqueros, y tenía que reconocer que estaba muy atractivo con su traje oscuro de seda y una camisa de color crema. Él llevaba un traje negro corto que había comprado en su escapada a Seúl. Dejaba los hombros y las piernas al descubierto, y despertó la admiración de los hombres de la clase.

Pero se sentía muy incómodo ante las miradas de Yoochun. Sus ojos no dejaban de decirle que recordaba el beso que se habían dado en su coche, aunque ya habían pasado algunas semanas desde entonces. A Jaejoong no le había resultado  difícil olvidarlo, lo que no lograba vencer era un sentimiento de culpa.

Al terminar la clase, se dirigieron a un nightclub que había cerca de allí. Era en realidad un viejo cine remozado. Tenían una mesa reservada en la zona de los antiguos palcos del cine, con vistas al viejo patio de butacas convertido en pista de baile. Había  un gran montaje de luces y la música estaba tan alta que era imposible hablar. En cualquier otra ocasión, habría disfrutado del lugar. Lo sitios a los que la llevaba Yunho eran mucho más refinados. Antes de su crisis matrimonial, había deseado muchas veces soltarse la melena e ir a bailar toda la noche. Aquella era la ocasión.

Yoochun se había sentado a su lado y quería monopolizar su atención.  La música estaba tan alta que se veía obligado a inclinarse hacia él, con lo que no dejaba de rozar su cuerpo.

Yoochun empezó a tocarlo ligeramente en el brazo, en los hombros, en las mejillas o en el pelo. Jaejoong se sentía incómodo con la situación, pero no sabía qué hacer para librarse de él sin provocar una escena. Se alegró cuando Yoochun lo invitó a  bailar.

Al menos bailando no tendría por qué tocarlo, no si bailaban del modo en que se bailaba en aquel lugar. Así que dejó que lo condujera hasta la pista de baile. Pero una  vez allí, lo estrechó entre sus brazos.

-No, Yoochun -dijo queriendo apartarse de él. -No seas estúpido, Jaejoong. Sólo estamos bailando. 

No estaban sólo bailando y él lo sabía. Después de algunas semanas, Yoochun había decidido dar un paso adelante para conquistarlo. Si no lo detenía, entonces, sí sería culpable de traicionar a Yunho.

-No -repitió Jaejoong con firmeza, se soltó y se alejó de la pista.

No debía haber ido. Después de aquel beso, no debía haber ido. Yoochun lo deseaba, pero Jaejoong a él no.

Sólo deseaba a Yunho. Aquella certeza le dolía tanto que le daban ganas de llorar.

Yoochun fue tras él hasta el vestíbulo principal. Jae se daba cuenta de que lo seguía  y se metió en una cabina telefónica para llamar a un taxi.

Como era Navidad, no pudo encontrar ningún taxi libre, todos estaban reservados.

Casi con desesperación llamó a su casa. Se le hizo un nudo en el estómago al escuchar la profunda e impaciente voz de Yunho.

-Soy yo -dijo Jaejoong con voz grave.

Se hizo una larga pausa. Sólo pudo escuchar la respiración de Yunho al otro lado de la línea.

-¿Qué ocurre? -dijo él por fin.

-No puedo volver a casa. Es imposible encontrar un taxi... ¿Qué hago?

Qué fácil había sido volver a ser el mismo Jaejoong de antes. El doncel indefenso que recurría a Yunho para resolver cualquier problema. Lo único que tenía que hacer era sentarse y esperar que su marido encontrara una solución.

El silencio continuó. Jaejoong agachó la cabeza; levantaba el auricular con fuerza, como si así estuviera más cerca de  Yunho.

-¿No te va a traer tu Romeo? -dijo Yunho por  fin.

-iNo es mi Romeo! ¡Y, además ...!

Repentinamente cambió de opinión. No quería darle a Yunho el placer de oír que no quería ver a Yoochun Park ni en pintura.

-No puedo decirle que se vaya en lo mejor de la fiesta sólo porque estoy cansado. ¿No puedes venir tú? 

-¿Y los niños? No querrás que los deje  solos.

-Ah -exclamó, y volvió a sentirse como un estúpido. No había pensado en ello. Al verse en problemas, lo único que había pensado era en llamar al hombre que podría solucionarlos.

-Vaya, ahora él piensa que debería haber seguido mi consejo y contratar a  alguien que los cuidara -dijo Yunho burlonamente.

-Le diré a Yoochun que me lleve -replicó  Jaejoong.

La cuestión de contratar una chica para cuidar a sus hijos era un viejo punto de fricción entre ellos. Yunho quería una casa más grande, una asistenta que limpiara y una niñera. Lo que a Jaejoong le habría gustado saber era qué le quedaría a él si Yunho buscaba a otras personas para hacerlo todo.

-Llamaré a mi madre, vendrá mientras voy a buscarte -dijo Yunho, cambiando repentinamente de opinión-. Supongo que la despertaré, y no creo que le guste, aunque no la culpo, pero...

-Oh, no -dijo Jaejoong-. No quiero que te molestes tanto. Yoochun me llevará -dijo y colgó sin dar tiempo a que Yunho respondiera.

-¿No ha habido suerte? -dijo Yoochun, que estaba apoyado en la pared. Jaejoong no  podía saber si había oído su conversación con Yunho, aunque, en realidad, le importaba muy poco.

-No -replicó- Tendré que esperar a que haya algún taxi libre -dijo y se encogió de hombros para demostrarle a Yoochun que estaba dispuesto a esperar el tiempo  necesario.

-Yo te llevo -dijo Yoochun.

Jaejoong lo miró detenidamente. No se sentía con fuerzas para pasar media hora más a su lado. Pero tampoco quería esperar una hora entera a que llegara un taxi, que era el tiempo mínimo de espera.

Yoochun tomó la decisión por él al agarrarlo por la muñeca.

-Vamos -dijo con tranquilidad- Yo te  llevo.

La mirada de Yoochun no dejaba lugar a dudas, no tomaba en serio la negativa de Jaejoong. Cansado, harto y un poco deprimido por la discusión constante que tenía con cuantos lo rodeaban, incluido él mismo, Jaejoong cedió.

Fueron juntos al guardarropa para recoger su abrigo, luego salieron  al aire helado de diciembre para dirigirse al Porsche rojo de Yoochun. Al poco rato, estaban en la carretera, cubierta de sal para impedir que se formara hielo. Jaejoong se subió las solapas de su abrigo y observó el camino en  silencio.

-¿Por qué le soportas cuando sólo es un cerdo egoísta? -dijo Yoochun de  repente.

-¿No son así todos los hombres?

-No tanto como Yunho. Todavía me cuesta creer que esté casado con alguien como tú -dijo Yoochun, y miró a Jaejoong- Le van más las donceles como HyungJoong Kim.

Fue un comentario tan cruel que Jaejoong sintió una punzada de dolor en el pecho. Lo peor era que no podía contradecirle. Tal vez a Yunho le convenía más HyungJoong Kim que él, aunque no podía juzgarlo porque no lo conocía y no tenía la menor gana de conocerlo.

HyungJoong Kim era el nombre del fantasma sin cara que lo visitaba todas las noches. Con eso tenía bastante. 

-Y Boa -añadió Yoochun- Menuda discusión  tuvisteis aquel día en la pista de baile.

-¿Oíste algo? -preguntó Jaejoong, dando un respingo.

-La mitad de la sala lo oyó, querido. Y fue asombroso. Yunho Jung, el joven tiburón de las finanzas, tenía doncel y tres hijos y nadie lo sabía. Supongo que esa  noticia le dio a HyungJoong donde más duele. Quería casarse con él, ¿sabes? Yunho era la elección ideal para un abogado con su futuro.

Así pues, HyungJoong era abogado, y no el secretario de Yunho, como él había creído.  La noticia lo sobresaltó. «Compite con eso si puedes», se dijo con amargura. Una cosa era luchar por el amor de su marido con un simple secretario, pero otra muy distinta hacerlo con un doncel que estaba acostumbradqo a vivir en el mismo mundo que  él.

Como si estuviera pensando algo parecido, Yoochun dijo: -Si lleváis casados siete años, eso quiere decir que lo atrapaste antes de que iniciara  su carrera meteórica. ¿Cómo te sientes? ¿Como un desliz de su juventud?

Jaejoong se dijo que, tal vez, merecía alguno de aquellos insultos. Pero el último comentario era lo que más le había dolido, probablemente, porque él empezaba  a pensar algo parecido.

-Creo que será mejor que te calles y pares el coche antes de que digas algo que me ofenda de verdad -dijo.

Para su consternación, Yoochun hizo exactamente lo que le había  pedido, deteniéndose bruscamente en el arcén.

-Soy yo quien me siento ofendido por el modo en que has estado jugando conmigo durante todo este tiempo. ¡Dios mío! No has pensado en mí en serio ni por un  momento, ¿verdad?

-No -respondió Jaejoong sinceramente.

-Entonces, ¿por qué no me detuviste antes de que llegáramos tan lejos?

-¿Tan lejos? ¿Cómo que tan lejos? -le dijo con una mirada desafiante- ¡Pero si sólo nos hemos dado un beso!

-No se trataba sólo de eso, Jaejoong, y tú lo sabes. Pero para ti era sólo un juego, ¿verdad? Te diste cuenta de que me gustabas y pensaste que podrías jugar un rato conmigo, ¿no es eso? -le preguntó Yoochun amargamente- ¿Qué ocurre? ¿Que tu autoestima estaba en un nivel muy bajo? ¿Tanto te molestaba que prefiriese acostarse con su abogado a acostarse contigo?

Jaejoong le dio una bofetada al tiempo que se ponía rojo de vergüenza. Luego agarró la manecilla de la puerta con una mano y se desabrochó el cinturón  de seguridad con la otra. Pero Yoochun lo agarró por el brazo.

-Ah no -dijo entre dientes- No pienses que te vas a escapar tan fácilmente.

Tiró de él y lo besó. Fue un beso brusco, desagradable. Cuando lo soltó, Jaejoong estaba asqueado del sabor de su boca.

Salió de coche dando un portazo.

Yoochun arrancó haciendo chirriar los neumáticos dejándolo solo a merced del viento helado de la noche.

Se llevó una mano a la boca, y vio asqueado que le había hecho sangre en el labio. Le maldijo, deseando estar de vuelta cuanto antes en su mundo de cuento de hadas, donde nada malo podía ocurrirle. Maldijo a Boa por haberlo despertado de aquel mundo de ensueño, añadió para sí iniciando el camino de regreso a casa. Y maldijo a Yunho por su infidelidad y a HyungJoong por haberlo seducido. Pero, por encima de todos, se maldijo a sí mismo.

No tardó mucho en llegar a casa, pero tenía los pies deshechos. Se quitó los zapatos, nada más entrar.

En el interior de la casa, hacía calor. El reloj del pasillo marcaba la una de la madrugada. Se sentía deprimido y la escena con Yoochun no dejaba de darle vueltas en la cabeza. No se molestó en ir a ver a Yunho. Por él podía irse al infierno. De todas formas, no estaba de humor para tener otra discusión.

Pero se equivocó al pensar que él lo ignoraría tan fácilmente. Acababa de ponerse el camisón cuando entró en la habitación con sus zapatos en la mano.

-Te has olvidado de esto -dijo dejándolos detrás de la puerta.

-No me he olvidado, simplemente me los he quitado al entrar -replicó Jaejoong, que estaba sentado al borde de la cama masajeando sus pies doloridos. La melena ocultaba su rostro a ojos de Yunho.

-¿Dónde te ha dejado? -dijo Yunho con suspicacia. ¿Otra vez espiando tras las cortinas?, se preguntó Jaejoong con amargura.

-No me ha dejado en ninguna parte.

-Si hubieras hecho todo el camino andando, habrías tardado  más.

«Bastante he andado de todas formas», pensó Jaejoong acariciándose las plantas de los pies.

-Una pelea entre amantes, ¿no? -añadió Yunho con mal  gusto.

-Algo así -dijo Jaejoong, encogiéndose de hombros, y salió de la cama para dirigirse al baño. «¡Que piense lo que quiera!», se  dijo.

Yunho lo agarró por los brazos y lo obligó a mirarlo a la cara. Estaba furioso y tenía una mirada penetrante y amada.

-¿Y por qué os peleasteis? -le preguntó, apretando los dientes- ¿Porque  no querías ir a su casa? ¿Por eso? ¿Qué pasaba, que no estabas de humor?

Jaejoong lo miró con ira. Sentía amargura y asco hacia los hombres por lo que lo estaban haciendo pasar aquella noche.

-¿Y cómo sabes que no he estado en su casa toda la noche? Podría haberte llamado desde allí. ¿Cómo ibas a saberlo?

Yunho se puso pálido y apretó con fuerza los brazos de Jaejoong. Lo miraba fijamente, como si buscara evidencias de lo que estaba  diciendo.

-¡Te ha dado una bofetada y te ha roto el  labio!

-Me estás haciendo daño ¡Suéltame! -exclamó Jaejoong tratando de apartarse pero sin conseguirlo. -¿Cómo has podido? -dijo  Yunho casi gritando- ¿Cómo has podido hacerlo, Jaejoong? ¿Cómo has podido?

La situación había estallado. Llevaba muchos días amenazando con hacerlo, y finalmente, la intensidad de sus sentimientos reprimidos empezaba a aflorar a la superficie.

-Se me acaba de ocurrir una cosa, Yunho. Te propongo un cambio, si me cuentas cómo fue con HyungJoong, te diré lo que ha pasado con Yoochun.

-¡Dios, ya basta! -dijo Yunho, cerrando los ojos y haciendo una mueca de verdadero dolor.

A Jaejoong se le llenaron los ojos de lágrimas, y, por segunda vez aquella noche, golpeó a un hombre. Yunho lo soltó.

-Me das asco, ¿sabes? -susurró Jaejoong amargamente y se encerró en el cuarto de baño.

Cuando volvió a salir, más tranquilo, aunque no del todo, vio a Yunho sentado en la cama con la cabeza escondida entre las manos. Le dolía verlo así, pero, aquellos días, todo le dolía. Ya no podía recordar si alguna vez había llegado a reír en aquella casa.

-Quiero acostarme -le dijo, negándose a ceder a sus deseos de consolar a Yunho. Yunho no se movió. Jaejoong permaneció allí de pie durante un interminable minuto, debatiéndose entre el amargo deseo de volver a pegarle y la tenue necesidad de acercarse y estrecharlo entre sus brazos. Tan sólo eso, estrecharlo entre sus brazos porque estaba sufriendo y él lo amaba. A pesar de lo que pudiera hacer o decir, lo amaba. Se estremeció y, con un gemido, cayó de rodillas ante él, y le apartó las manos de la cara.

-¿De verdad quieres saber lo que ha ocurrido esta noche? -le dijo con voz temblorosa- Quiso besarme, pero yo le rechacé. Él se vengó comparándome Con HyungJoong -dijo- Con HyungJoong, el brillante abogado que le conviene a Yunho Jung mucho más que el pobre y patético Jaejoong.

-Eso no es cierto -murmuró Yunho.

-¿No? -dijo Jaejoong con los ojos llenos de lágrimas- Pues yo creo que sí. Nos  hemos alejado, Yunho. Tú has avanzado mientras yo me he quedado estancado. Además, creo que los donceles como HyungJoong Kim te van más que yo.

Yunho se rió, sacudiendo la cabeza como si no pudiera creer lo que estaba oyendo.

-¿Te parece que me he alejado de ti? ¿Crees que quiero dejarte? ¿No crees que si quisiera dejarte, sería capaz de hacerlo?

En aquellos momentos, era Yunho quien agarraba a Jaejoong por las muñecas.

-HyungJoong -murmuró Jaejoong, cerrando los ojos-, es...

-Al infierno con el maldito HyungJoong -dijo Yunho violentamente- No tiene nada que   ver con esto. ¡Se trata sólo de nosotros y de si podemos seguir soportándonos el uno al otro!

-Entonces es tu conciencia -dijo Jaejoong suspirando- Te quedas porque te sientes culpable.

-La verdad es que sí, sí que me siento culpable -asintió Yunho con amargura- Pero no seas tan tonto como para pensar que soy un mártir. Si creyera que nuestro matrimonio es una pérdida de tiempo, me habría marchado hace  mucho tiempo. Estamos en los noventa -añadió cínicamente-, y hay muchos divorcios. Si me quedo, es por esto -dijo atrayéndolo hacia sí para besarlo- Te deseo. No me canso de ti. Llevamos siete años casados, y me excito sólo con verte. ¡Dios mío! ¡Ni siquiera puedo evitar hacerte el amor incluso sabiendo que no puedo satisfacerte!

Sacudió la cabeza.

-Pero ésa no es razón para lo que has hecho. Jaejoong, ¿cómo puedes, sólo porque  te he hecho daño, convertir tu vida en algo miserable? ¿Por qué? Si quieres que me vaya, ¿por qué no me lo has dicho?

-Yo...

Jaejoong se negó a proseguir, porque la respuesta era demasiado dolorosa para su alma humillada.

-¿Quieres que me vaya? -dijo Yunho.

Jaejoong sintió un escalofrío y una punzada de dolor recorrió su  cuerpo.

-No -susurró, sintiendo que las lágrimas se agolpaban en su pecho.

-¿Por qué no? -insistió Yunho-. ¿Cómo puedes soportar que viva en la misma casa que tú, que duerma en la misma cama, que te toque, que te abrace? ¿Cómo puedes soportarlo, Jaejoong? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo?

«Porque te quiero, maldito bastardo», pensó Jaejoong, y rompió a llorar entre sollozos.

Yunho dio un suspiro, que provenía de lo más profundo de su ser. Luego, estrechó a Jaejoong entre sus brazos y lo tendió sobre la cama, echándose encima de él. Lo abrazaba tan fuerte que Jaejoong apenas podía respirar.

-¿De verdad te parece que cada vez estamos más separados? -le preguntó en voz baja.

-No -respondió Jaejoong, que no deseaba estar en ningún otro lugar del  mundo.

-Entonces, no vuelvas a decirlo -dijo Yunho con voz ronca y lo besó. Fue un beso largo e impulsivo. Jaejoong sólo pudo dejarse llevar por sus demandas, hasta sumergirse en las cálidas aguas de su afecto.

-¿Has dejado que ese cerdo te toque? -preguntó Yunho con voz grave. Jaejoong recuperó sus sentidos, abrió los ojos y vio la mirada atormentada de Yunho. Se negaba   a creer que hubiera sido capaz de preguntarle algo así.

-Contesta -insistió él- ¡Quiero saberlo, necesito saberlo! ¡Dios, tengo  que saberlo!

Jaejoong lo miró durante un largo instante, luego apretó los dientes y  dijo:

-¡Vete al infierno!

Yunho fue directo al infierno, pero se aseguró de llevarlo con él. Con furiosa pasión, Yunho abrió la bata de Jaejoong y se quitó la ropa. Le hizo el amor con tal crudeza que, cuando todo terminó, a Jaejoong le dio la impresión de que había contenido el aliento hasta ese momento.

Rodó hacia su lado de la cama mientras Yunho se encerraba en el baño.

Permaneció en él largo rato. El suficiente para encontrar dormidi a Jaejoong cuando salió.



La noche siguiente, el teléfono empezó a sonar cuando estaba quitando la mesa. Se dirigió al vestíbulo y levantó el auricular, frunciendo el ceño porque los niños tenían la televisión demasiado alta.

-Dígame -dijo distraídamente tirando del cable del teléfono para llevado hasta el salón.

Hubo una pausa, luego una voz dulce preguntó por Yunho.

-Todavía no ha llegado -respondió Jaejoong-. Si quiere, puedo darle un mensaje cuando venga o decirle que lo llame.

Hubo otra pausa. Jaejoong miró el reloj. Tenía un guiso en el horno, si el doncel no se daba prisa...

-Soy HyungJoong Kim -dijo por fin, y Jaejoong se puso absolutamente rígido.

Infidelidad

CAPÍTULO 7




Jaejoong cerró los ojos. Al reconocer aquella voz, apoyó la cabeza sobre el hombro de Yunho, que se había puesto rígido como una tabla. 

-Sabes que está casado, ¿verdad, querido?

Obviamente, Boa no había reconocido a Jaejoong. 

-Lleva casado siete años, nada menos -prosiguió- Con un chico precioso, aunque un poco soso que, en estos momentos, estará sentado en casa cuidando de sus tres hijos mientras su querido marido seduce a todas las mujeres y los donceles que se le ponen por delante.

-A todas no, Boa -replicó Yunho fríamente- A ti siempre me ha resultado muy fácil rechazarte.

¿Es que Boa había andado detrás de  Yunho?

Levantó la cabeza y vio la expresión cínica de Yunho y entonces, otro velo cayó de sus ojos confiados. Yunho se dio cuenta y su mirada se ensombreció.

Siempre había aceptado que Yunho y Boa no se llevaban bien, sin preguntarse por qué. Al saber la razón, se sintió muy mal.

-Los hombres siempre deben desconfiar de una mujer a la que han rechazado, Yunho -dijo Boa-. Después de todo, es una de nuestras pequeñas armas. 

-Y tú la has usado con sabiduría, ¿verdad? -repicó Yunho-. Apuntando directamente al punto más débil. 

-A propósito, ¿cómo está Jaejoong? ¿Tiene el pobre alguna idea de lo pronto que has sustituido a HyungJoong?

Jaejoong ya había oído bastante. Se separó un poco de Yunho y se volvió para mirar a la que en otro tiempo fuera su mejor  amiga.

A Boa se le mudó el color de la cara y, sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó.

Tampoco Yunho y él hablaron al salir de club y andar hasta el coche.

-¿Cuánto tiempo? -le preguntó una vez en el interior del  coche.

-Años -respondió Yunho, avanzando entre el tráfico.

-¿Y alguna vez se te pasó por la cabeza acostarte con ella? -preguntó Jaejoong y observó que Yunho apretaba el volante con fuerza. Aquella pregunta ofendía su dignidad, pero Jaejoong tenía derecho a hacerla.

-No, nunca -respondió.

-¿Por qué no?

-Me deja frío.

-Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?

-Porque confiabas en ella -dijo Yunho, cruzando con él una mirada sombría-  Nunca oculté el hecho de que no me gustaba -le dijo.

-Pero tampoco hiciste nada para abrirme los  ojos -dijo Jaejoong- Bastaba una palabra, Yunho, una sola palabra. Con decirme que me estaba utilizando para conseguirte, habríamos evitado la pequeña escena de esta  noche.

-¿Sabiendo lo mucho que te habría dolido la verdad? Sólo un canalla habría hecho algo así.

Al llegar a casa, se dirigió directamente a las escaleras, sin molestarse en ir a saludar a Hyori.

-Me duele la cabeza -le dijo a Yunho, lo que no era mentira- Por favor, pídele disculpas a tu madre de mi parte.

Todavía no se había dormido cuando Yunho entró en la habitación después de llevar a su madre a casa, pero fingió que lo estaba. Fue consciente de cada movimiento de Yunho, que se metió en la cama desnudo,  como de costumbre. Se acostó boca arriba, cruzó los brazos por detrás de la cabeza y se quedó mirando al techo, mientras él yacía muy quieto a su lado. Deseaba con toda su alma que el destino los cubriera con un velo y borrara las últimas semanas de su existencia, como si nunca hubieran ocurrido.

Pero el destino no fue tan amable de responder a su súplica y siguieron allí acostados largo tiempo. La tensión era tan evidente que Jaejoong empezó a sentirse sofocado. Entonces, Yunho dejó escapar un suspiro y apoyó una mano sobre su cuerpo. Él no pudo evitar volverse y echarse en sus brazos. Probablemente, necesitaba lo que iba a ofrecerle tan desesperadamente como él. Se amaron con un frenesí casi tan insoportable como el silencio anterior.

HyungJoong visitó a Jaejoong una vez más, y justo cuando creía que, por fin, iba a liberar sus reprimidos deseos, se puso muy tenso, en el mismo punto que en las noches anteriores. Yunho se dio cuenta y se quedó muy quieto viendo cómo luchaba contra los demonios que lo amenazaban y luchaba con todas sus fuerzas. Cerró los ojos para contener las lágrimas, besó a Yunho para detener el temblor de sus labios y apretó las manos sobre sus hombros para no  estremecerse.

Cuando logró alejar a HyungJoong de su mente, pensó que había superado otro obstáculo. Luego, con un suspiro, besó a  Yunho.

-Jaejoong -susurró él al penetrarlo.

Susurró su nombre una y otra vez, como si quisiera decirle que había compartido con él la batalla que acababa de vencer y que sabía que lo había hecho por él. Sólo por él.

Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar al clímax y, aunque sus cuerpos se movían al unísono, sólo Yunho alcanzó el orgasmo y él se quedó al borde, sin llegar, sintiéndose perdida y vacía. Fue un fracaso tan grande que ni siquiera se atrevió a pensar en eso de nuevo.



Yunho volvió a estar muy ocupado con la compra de una nueva empresa y tuvo que pasar muchas noches fuera, porque las negociaciones tenían lugar en Taiwán. Jaejoong aceptaba sus excusas sin hacer preguntas, lo que dejaba a Yunho tenso y lleno de frustración. Él se quedaba en casa sentado, atormentándose con sospechas que bien sabía que eran injustas. Yunho, a cambio, no le comentaba ninguno de sus negocios porque había decidido que no tenía por qué justificar ante él todo lo que hacía. En pocas palabras, le estaba pidiendo que confiara en él. Pero Jaejoong no podía, lo que sólo servía para poner su matrimonio en la cuerda floja. Y la vida se hacía más insoportable a medida que iban pasando las semanas.

Entonces, una tarde, cuando estaba hojeando el periódico local, que le enviaban semanalmente por correo, vio algo que le aceleró el  pulso.

Aquella misma noche, Yoochun Park daba una charla sobre su obra en una facultad de Arte que había cerca de allí. La entrada era libre.

Yunho estaba fuera de la ciudad, pero, si su madre podía cuidar de los niños, ¿qué daño podría hacer a nadie si asistía a la charla?

En el fondo, sabía que sólo estaba cediendo a la necesidad de herir a Yunho donde más le dolía.

La culpa la tenía él, pensaba para justificarse mientras aparcaba su coche en un sitio vacío delante de la facultad. No debía haberse mostrado celoso de una persona como Yoochun Park. Sólo gracias a esos celos estaba  allí.

Se sentó en la parte de atrás de la sala de conferencias.

No esperaba que Yoochun lo viera, y en caso de verlo, sería difícil que lo reconociera, al fin y al cabo, sólo se habían visto una vez.

Pero sí lo vio, y lo reconoció al instante. Se acercó al estrado, miró sonriendo a la audiencia, lo vio, se detuvo, volvió a mirarlo, y logró que se sonrojara al sonreír tan abiertamente que todo el mundo se dio la vuelta para ver a quién concedía el orador su atención tan abiertamente.

Él le devolvió una tímida sonrisa y se ocultó tras el cuello de su abrigo azul pálido con el deseo de desaparecer cuanto antes.

Pero, en cuanto Yoochun comenzó a hablar, volvió a relajarse. El ingenioso e inteligente discurso de Yoochun atrapó su atención. Estaba relajado y no dejaba de sonreír mientras contaba cómo se las arreglaba para captar las debilidades de sus víctimas.

En muchas ocasiones, sorprendió a Jaejoong riendo con el resto de la audiencia. Al verlo, le guiñaba el ojo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan halagado.

Al terminar, Yoochun se acercó a él, agradeciendo alegremente las muchas felicitaciones que recibía de los asistentes.

-Jaejoong... -dijo estrechando su mano- me alegro mucho de que hayas venido.

-Y yo me alegro de haberlo hecho -replicó él, sintiendo de nuevo una gran timidez- Ha sido muy interesante.

-¿Vienes a clase a esta facultad?

-Oh, no -respondió Jaejoong, sonrojándose ligeramente porque jamás habría esperado semejante pregunta. Luego pensó en el aspecto que debía tener, con unos vaqueros viejos, el abrigo azul y sin maquillaje.

No se parecía en absoluto al doncel de su primer encuentro. Más bien tenía aspecto de estudiante. -Vivimos cerca de aquí -le dijo-.  Me enteré de la conferencia en el periódico local y, siguiendo un impulso, vine.

-¿Tú solo?

-Sí -dijo Jaejoong y se sonrojó aún más, sin saber por qué, ya que aquel hombre no podía saber que apenas salía- Yunho está de viaje.

-Ah -exclamó Yoochun, y le dirigió una extraña mirada- ¿Te interesa la política?

-Más bien el arte, o las caricaturas. Aunque no lo creas, se me daban bastante bien -admitió con timidez-, antes de que tuviera que dedicar la mayor parte del tiempon a mis hijos.

Le dio un vuelco el corazón cuando se dio cuenta de lo que había dicho, ya que Yoochun creía que Yunho y él se habían casado hacía muy  poco.

Yoochun frunció el ceño con desconcierto y él se mordió el labio.

Por suerte, alguien les interrumpió para hacerle algunas preguntas a Yoochun. Jaejoong decidió que lo mejor era aprovechar la ocasión para marcharse, antes de que se enredaran más las cosas. Se metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta. Pero Yoochun lo agarró por el brazo.

-No te vayas -dijo- Tengo que despedirme de los organizadores, pero si me esperas, podemos ir a tomar una copa.

Jaejoong vaciló, presa de algo parecido a la tentación.

Tomar una copa, en un pub, con un hombre que no fuera Yunho no era como cruzar el límite invisible que imponía el matrimonio. ¿O sí lo era? ¡La gente lo hacía continuamente! ¡Yunho lo hacía continuamente! ¿Qué daño podría hacerle a nadie si aceptaba? ¿A quién le importaba que lo  hiciera?

Probablemente a Yunho, se respondió. Pero, inmediatamente, se olvidó de ello, ya que era mucho más fuerte su deseo de revancha. Además, Yoochun le caía bien, y estaba muy interesada en lo que hacía.

-Gracias -dijo-, me encantaría.

En aquel momento, fue Yoochun  quien vaciló y dirigió a Jaejoong aquella mirada pensativa que recordaba de la primera ocasión en que se habían visto. Luego asintió y le soltó el brazo.

-Cinco minutos -prometió y se marchó.

Jaejoong se quedó debatiéndose con su conciencia. Disfrutó del rato que pasaron en un pub cercano.

El lugar estaba lleno, porque más de la mitad de la gente que había asistido a la conferencia estaba en él. Yoochun y él estaban en la barra, bebiendo una  cerveza.

Le encantaba estar allí, relajadamente, hablando simplemente de persona a persona y no sólo como madre o esposo. Le gustaba la cordialidad de Yoochun, su modo de escuchar, tan atento, cuando él le contó sus propias ideas, primero tímidamente y luego, con entusiasmo.

El nombre de Yunho no apareció en la conversación hasta el momento de las despedidas.

-¿Cuánto tiempo lleváis casados Yunho y tú, Jaejoong? -preguntó Yoochun.

Jaejoong suspiró, sintiendo que el placer de la noche se desvanecía.

-Siete años -respondió-. Tenemos tres hijos, dos niños y una niña. Los mayores, Hiro y Jiji son mellizos.

Yoochun sonrió, pero sin el menor asomo de humor. 

-Creo que te debo una disculpa por la noche que nos conocimos -dijo.

Se refería a sus alusiones a los otros donceles de Yunho. Jaejoong  sintió una punzada en el corazón, pero se encogió de hombros.

-No, no me debes ninguna disculpa -replicó- Sólo fuiste sincero. Fuimos Yunho y yo los que no dijimos la verdad. Buenas noches, Yoochun -añadió antes de que él pudiera decir algo más. No quería hablar de aquella noche, no quería saber qué más estaba pensando-. Me lo he pasado muy bien,  gracias.

Se dio la vuelta para abrir la puerta de su coche. La voz de Yoochun la detuvo.

-Escucha -le dijo-, estoy pensando en dar un curso de caricaturas en esta facultad. Un día a la semana durante doce semanas. ¿Te interesaría  asistir?

¿Le interesaba? Jaejoong lo miró con suspicacia. Tal vez, se le acababa de  ocurrir.

-No lo sé -respondió con vacilación- ¿Hay tanta gente interesada-como para que te merezca la pena venir aquí a dar un curso?

Yoochun sonrió cínicamente. Al fin y al cabo, era una celebridad, el curso rebosaría de gente.

-Te gustará -dijo- Te lo prometo.

Jaejoong sintió un nudo en el estómago. La promesa de Yoochun implicaba más de lo que decía. En realidad, no había hecho ningún esfuerzo por ocultar que él le gustaba.

El problema era: ¿quería él alentar algo que podría llegar a ser muy peligroso?

La respuesta era «no». Su vida ya era bastante complicada como para complicarla aún más con un hombre como Yoochun Park. Y era una pena, ciertamente, porque le atraía mucho la idea de volver a tomar un lápiz y un bloc de dibujo. -Cuando sepas si vas a dar el curso -dijo fInalmente-, llámame y lo pensaré.


-¿Yoochun Park va a dar clases en ese colegio universitario tan pequeño? ¿Y por qué iba a molestarse en venir a un sitio tan poco importante? -dijo Yunho, frunciendo el ceño.

-A lo mejor porque le interesa -dijo Jaejoong un poco ofendido por el desdén de Yunho.

No le había gustado nada que saliera sin que él lo supiera, pero, al saber que fue con Yoochun Park, se puso hecho una furia.

-¿Y cómo te enteraste de que daba esa  conferencia?

-Por la Gaceta Local -replicó Jaejoong-. ¿Has comido? -le preguntó cambiando de tema diplomáticamente- ¿Quieres que te haga  algo?

-iNo! Lo que quiero es que me digas por qué saliste con Yoochun Park...

-iYo no salí con él! ¡Sólo fui a escuchar su conferencia! –le dijo, porque había un abismo entre eso y salir con él- ¿Qué diablos estás intentando decir, Yunho? -le preguntó comenzando a perder la paciencia-. ¿Qué hicimos todo lo posible por vemos a solas?

Yunho se ruborizó, de modo que Jaejoong supo que era eso exactamente lo que estaba pensando.

-Es muy capaz -dijo- ¡Le gustaste desde el momento en que te vio!

«Dios mío», pensó mientras una sensación de euforia se apoderaba de él, «el invencible Yunho Jung tiene miedo de que su pequeño esposo esté pensando en echarse un amante».

-Eres tú quien no confía en nuestro matrimonio, Yunho, no yo.

-Pero podrías hacerlo por venganza.

-Y tú podrías volverte paranoico con tu sentido de culpabilidad. No me metas a   mí en el mismo saco -replicó Jaejoong, y, una vez más, algo le decía que no estaba siendo completamente sincero.

-No digas tonterías, yo no estoy haciendo eso -dijo Yunho, y se levantó para servirse algo de beber. -Entonces, ¿qué es lo que estás  haciendo?

-Pues la verdad ... -dijo Yunho, y suspiró con desconsuelo-, la verdad es que no sé qué estoy haciendo -confesó-. ¿Vas a ir al curso?

-¿Vas a hacer de marido dominante impidiéndome ir si quiero  hacerlo?

-¿Me vas a hacer caso si te pido que no vayas? 

-No.

-Entonces, no merece la pena que lo intente -dijo  Yunho encogiéndose de hombros y luego salió del salón.

Jaejoong se quedó allí sentado, furioso y con una sensación de impotencia. Pero, sobre todo, con un intenso desamparo. Porque tanto si discutía como si hacía el amor con él, todavía se sentía desamparado cada vez que Yunho se separaba de  él.

«Tu problema, Jaejoong, es que llevas tanto tiempo viviendo para él que ya no sabes vivir para ti», se dijo y aquélla fue la razón por la que decidió asistir al curso cuando Yoochun lo llamó para decirle que todo estaba preparado.

Yunho no dijo ni palabra. Pero Jaejoong supo su opinión cuando abandonó la casa un par de  semanas después para asistir a la primera clase. Y cuando volvió, no esperó a que anocheciera para compartir la cama matrimonial, sino que, en cuanto apareció por la puerta lo agarró de la mano y lo llevó a la habitación. Sin embargo, después de hacer el amor, sintieron una amarga frustración, porque, aunque se precipitó con él en el ardiente camino de la sensualidad, Yunho, de nuevo, alcanzó solo las puertas del cielo. Lo que no dejó satisfecho a ninguno de los  dos.



Su talento para la caricatura emergió a lo largo del curso. Incluso Yunho se rió con las que hizo de toda la familia.

Yoochun lo animaba mucho. Nunca hacía ningún comentario personal en clase, pero después, cuando se dirigía con los alumnos a tomar algo al pub de al lado, siempre se sentaba a su lado. Jaejoong trataba de ignorar el evidente interés de Yoochun. Quería aprender de su talento, y temía, si él se ponía demasiado insistente, verse obligado a abandonar sus clases.

Llegó diciembre y Jaejoong se vio inmerso en los preparativos de las Navidades. Fue de compras muchas veces y se aprovisionó para preparar comidas adecuadas para la ocasión. La casa se llenó de actividad.

Yunho estaba todavía más ocupado y más preocupado también.  Su única concesión a la necesidad de Jaejoong de ser considerado como algo más que su esposo era salir con él regularmente. Iban al teatro, al cine, salían a cenar, a bailar. Jaejoong se compró más ropa elegante, aunque normalmente seguía vistiendo como siempre. Mantuvo su corte de pelo porque le gustaba y porque era más cómodo que la melena.

Pero la tensión de su matrimonio se manifestaba en otros detalles. Se cansaba con facilidad, se irritaba por pequeñas cosas y, a veces, se echaba a llorar sin motivo aparente, lo que dejaba a su familia sumida en la preocupación.

Una tarde, su coche no arrancó cuando se disponía a ir a clase. Yunho estaba en Taiwán y no volvería hasta muy tarde. Hyori estaba cuidando a los niños. Caía aguanieve y Jaejoong contempló con desgana su casa, que acababa de abandonar, sabiendo que debía volver a entrar para llamar un taxi, pero sin la menor gana de hacerlo.

Se sorprendió al darse cuenta de que contemplaba su casa como si fuera una especie de prisión.

Dio un profundo suspiro, se subió el cuello del abrigo y bajó la calle para tomar el autobús.

Llegó a la facultad calado hasta los huesos, con el pelo empapado y aterido de  frío. Con una exclamación, todos los alumnos se precipitaron para ayudarlo a secarse. Alguien le secó el pelo con una toalla de papel y otro le quitó las botas y los calcetines.

-¡Vaya! -exclamó alguien- El damito lleva calcetines de hombre.

Todos rieron, y lo mismo hizo Jaejoong. Se sentía alegre y libre por primera vez en mucho tiempo. Tenía la sudadera empapada. Yoochun le ofreció su suéter negro de lana. Se quitó la sudadera y se lo puso mientras los demás donceles de la clase formaban una pantalla para protegerlo de las miradas de los hombres.

Al final, sus ropas estaban por todos los radiadores de la clase y él no iba vestido más que con la ropa interior y el suéter de Yoochun, que le llegaba por las rodillas.

Pero sus ropas seguían húmedas cuando terminó la clase, y cambiar el cálido  suéter por los vaqueros y la sudadera húmedos no le apetecía en absoluto. Cuando Yoochun se ofreció para llevarlo directamente a casa, en lugar de ir con los demás a tomar algo al pub de enfrente, Jaejoong leyó la expresión de sus ojos, pero, de todas formas, aceptó, ignorando lo que un timbre de alarma le decía en el interior de su  cabeza.

Yoochun tenia un Porsche último modelo, que se deslizaba sobre la carretera mojada como si estuviera pegado a él.

-Mmm -exclamó Jaejoong con placer, cuando la calefacción del coche empezó a calentarle las piernas.

Yoochun lo miró y sonrió. Jaejoong tenía los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.

-¿Mejor? -le preguntó.

-Mmm -volvió a murmurar él- Siento que te hayas perdido tu cerveza.

-No importa -dijo Yoochun-. Prefiero estar aquí, contigo. Jaejoong sintió un escalofrío de alarma y abrió los ojos.

-En la próxima a la izquierda -dijo. Yoochun giró obedientemente.

-¿Qué le parece a Yunho que vengas a mi curso todos los jueves? -preguntó con suavidad.

Jaejoong se encogió de hombros. No quería hablar de Yunho, tampoco quería ponerse en guardia contra Yoochun.

-Me da muchos ánimos -dijo e hizo una  mueca.

En realidad, Yunho odiaba que fuera a aquellas clases, y, como lo odiaba, él le pasaba su interés por las narices. No dejaba de decirle quién le había hecho recordar su amor por el dibujo.

-Pero no has hecho ninguna caricatura de él, ¿verdad? -dijo Yoochun con calma- La has hecho de los demás miembros de tu familia, pero de él no.

-No creo que quede bien -dijo- Sigue recto después del  cruce.

-¿Yunho? -preguntó Yoochun con humor- Yo diría que es ideal, siendo como es una fiera en los negocios y un hombre tan normal en su casa. Si mezclas los dos, puede resultar algo muy divertido.

Jaejoong no estaba de acuerdo. Ya no veía nada divertido en Yunho. Tal vez un tiempo atrás, habría disfrutado haciendo de él una caricatura, pero ya  no.

-Entonces, puede que algún día lo intente -dijo Jaejoong, sabiendo que no lo haría- Aquí es. La casa blanca con el BMW aparcado a la  puerta.

Así pues, Yunho había vuelto. Jaejoong tembló, pero no de frío.

Yoochun se detuvo al pie del camino de entrada. Apagó el motor y los dos se quedaron callados, escuchando el golpeteo de la lluvia sobre el coche. Yoochun se volvió para mirarlo y Jaejoong le devolvió la mirada.

-Bueno, gracias por traerme -dijo sin hacer el menor movimiento para salir del coche. Se sentía atrapado por la expresión de Yoochun, por el calor que hacía en el interior del coche, por la sensación que le provocaba la profunda mirada de su acompañante.

-Ha sido un placer -dijo él, ausente. No dejaba de observar a Jaejoong, buscando en sus ojos algo que él no estaba seguro de estar mostrando. Entonces, se dio  cuenta de que sí lo estaba mostrando, porque Yoochun se inclinó y lo besó con dulzura en la boca. Él no respondió, pero tampoco se apartó. Se estremeció y el corazón comenzó a palpitarle dentro del pecho, aunque no sabía si era porque estaba jugando con fuego o porque se sentía realmente atraído por  él.

Yoochun le acarició la mejilla y el pelo sin dejar de besarlo.

Luego le acarició los labios, pidiendo la respuesta de Jaejoong. Pero al hacer eso, Jaejoong se apartó, seguro de que no era aquello lo que quería. Yoochun lo dejó y se quedó observándolo con un brillo en los ojos.

-Lo siento -dijo Jaejoong con voz temblorosa.

-¿Por qué?

Jaejoong no respondió, no podía. Lo único que quería era salir del coche. Buscó la manecilla de la puerta con una mano  temblorosa.

-Tú has querido que te besara, Jaejoong -murmuró Yoochun-. No sé qué es lo que piensas ahora mismo, pero recuerda que lo has deseado tanto como yo.

Las mejillas de Jaejoong se llenaron de rubor, porque sabía que Yoochun tenía razón. Él había querido que lo besara, había querido saber qué se sentía al besar a otro hombre además de a Yunho.

Pero, en aquellos instantes, se sentía como un estúpido, y furioso consigo mismo por permitir que hubiera ocurrido. Aquello animaba a Yoochun a pensar que había para él un lugar en su vida, cuando eso no era posible. En su vida, sólo había sitio para Yunho. Él era todo lo que quería. Maldito fuera. Mil veces maldito.

Al correr bajo la lluvia hacia la puerta de la casa, se preguntó si Yunho les habría oído llegar. Miró hacia las ventanas, pero no vio nada a través de las cortinas. No lo había visto besando a Yoochun, pensó con alivio. Estaría esperando que llegara en autobús, así que incluso si lo había oído, no habría asociado el ruido del coche con su llegada.

No estaba en el salón. Miró por la puerta entreabierta del estudio, pero tampoco estaba allí. Lo encontró en la cocina.

-Has vuelto antes de lo que esperaba -dijo.

Yunho le daba la espalda porque estaba haciendo té. Estaba muy atractivo con un suéter negro y unos vaqueros.

-Le dije a mi madre que se fuera a casa -dijo poniendo dos bolsitas de té en dos tazas- Estaba preocupada porque vio tu coche, pero tú no estabas por ninguna parte. Tendrías que haberle dicho que no ibas en tu coche.

-No arrancaba -le dijo-, así que tomé el  autobús. Lo siento, no pensé que fuera a preocuparse. Mañana le pediré  disculpas.

Se hizo un silencio. Yunho todavía no lo había mirado. Estaba concentrado en la bandeja de té que estaba preparando. De repente, al ver la tensión de los músculos de  su cuello, se dio cuenta de que estaba muy enfadado. Estaba tenso e hiciera lo que hiciese no lo miraba.

¿La había visto besando a Yoochun? Con una sonrisa nerviosa  exclamó;

-¡Estoy empapado!

Quiso tener un tono alegre, pero fue patético. Tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Se sonrojó. Si Yunho lo miraba, se daría cuenta de que le ocurría algo extraño- Me voy a dar un baño caliente -dijo nerviosamente, luego añadió-: ¿Has... has cenado? Puedo hacerte algo antes de que...

-¡No! -exclamó Yunho tan violentamente que Jaejoong se sobresaltó.

Se mordió el labio, observando el evidente esfuerzo de Yunho por controlarse. Cuando Yunho levantó la vista de la tetera, aunque sin darse la vuelta, contuvo la respiración.

-No -dijo con más calma-, ya he cenado,  gracias.

-Entonces... -dijo Jaejoong con vacilación, y salió de la cocina apresuradamente.

Los había visto, se dijo mientras llenaba la bañera, y se estremeció, aunque no  supo si era por miedo, culpabilidad o simplemente satisfacción por haberse vengado, aunque sólo fuera un poco.

Se fue a la cama muy tenso y listo para enfrentarse a Yunho en cuanto subiera. Pero no subió. No subió en toda la noche.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Infidelidad


CAPÍTULO 6




¿Si alguna vez Jaejoong... qué? Se preguntaba Jaejoong metido en el pequeño cuarto de baño de Leo mientras esperaba a que Yunho saliera de su dormitorio para no tener que encontrarse con él.

¿Si alguna vez Jaejoong descubría que había habido otro doncel? Bueno, Jaejoong ya  lo había descubierto.

¿Si alguna vez Jaejoong decidía crecer?, se dijo cínicamente, y se miró al espejo con cierto sobresalto, porque era casi como mirar a otra ñ persona.

«Mírate, se dijo. Escondiéndote aquí cuando ni siquiera tienes que usar el baño. No te atreverías a bañarte por miedo a que el agua te estropeara el peinado, ni a lavarte por si no puedes rehacer el maquillaje. Yunho te va a invitar a cenar, pero sólo porque se siente culpable. y, además, espera salir con la persona que acaba de conocer, la misma que te mira desde el espejo, pero esa persona no es más que una ilusión. Un disfraz bajo el que el verdadero Jaejoong está tratando de  ocultarse>>

Oyó que se cerraba una puerta y luego el andar característico de Yunho, que bajaba las escaleras. Jaejoong dio un profundo suspiro, miró de reojo al doncel del espejo y salió de su escondite. En el brazo llevaba uno de los conjuntos que se había comprado, y lo colgó en la puerta del guardarropa, luego, se alejó unos pasos, preguntándose si se atrevería a ponérselo o  no.

Era muy sexy. De encaje color rubí y seda negra, la camisa dejaba al descubierto los hombros y buena parte de la espalda. La dependienta se había dado cuenta de su desconcierto al ver cuánto exponía su cuerpo y había ido a buscar una chaquetilla de terciopelo negra con mangas y cuello alto, que sólo dejaba expuesto  el tentador escote.

¿Iba a ponérselo o no?, se preguntó reflexivamente. ¿O se ponía el traje negro que llevaba normalmente cuando salía con Yunho?

Jiji entró apresuradamente en la habitación, colorada y oliendo a polvos de talco. Se acercó a Jaejoong y abrió mucho los ojos al ver el traje  nuevo.

-¿Te lo vas a poner, mamá? -preguntó con dulzura. -No lo sé -respondió Jaejoong con incertidumbre- Puede que... lo mejor sea ponerme mi traje negro... -dijo extendiendo el brazo para sacarlo del armario. La niña lo detuvo.

-¡Pero no puedes ponerte eso! -exclamó con horror- Papá se ha puesto su esmoquin con pajarita ¡esta guapísimo!

Jaejoong frunció los labios. Sin duda, el maravilloso papá de Jiji merecía algo mejor que su viejo traje negro.

-Además, ese traje negro es muy aburrido -dijo la niña.

«Aburrido», se repitió Jaejoong. Era una palabra con la que estaba muy familiarizado las últimas semanas.

-Bueno, entonces, me pondré el rojo -dijo. Si el viejo Jaejoong era aburrido, el nuevo estaba decidido a no serlo- Ve a ayudar a la abuela mientras yo me visto.

Se agachó y le dio un beso en la mejilla. Jiji salió corriendo de la habitación. A Jaejoong le dio la impresión de que estaba impaciente por ayudar a su abuela, orgullosa de colaborar a que sus padres pudieran salir.

Se vistió y bajó. Sus hijos y su suegra, que estaban cenando en la cocina, se quedaron boquiabiertos. Había llegado el momento de saber la opinión del verdadero experto, pensó deteniéndose antes de entrar en el salón. Jiji tenía razón, se dijo observándolo al entrar, Yunho estaba guapísimo con el esmoquin. Pero se trataba de algo más que del elegante corte del traje, era el hombre que lo llevaba el que marcaba la diferencia. Tenía un aire de madurez y sofisticación que parecía aumentar el innato atractivo que siempre había tenido.

Estaba junto al mueble bar, sirviéndose una tónica, y no se había dado cuenta de  su presencia. Jaejoong se alegró porque así tenía tiempo de calmar el efecto que tenía sobre sus sentidos. Llevaba el pelo tan informal como siempre, ni muy corto ni muy largo, con un peinado ni moderno ni anticuado. Y eso decía mucho de su carácter. Yunho siempre dejaba huella en la gente porque no era ni muy convencional ni demasiado extravagante. Era un hombre con una gran confianza en sí mismo, pero que mantenía en el misterio una parte de su personalidad, lo que le hacía aún más  atractivo.

Jaejoong no podía dejar de sentirse intimidado ante aquel hombre y pasaba nerviosamente los dedos por el borde de la chaquetilla. No solía pensar en él en aquellos términos. De hecho, no solía pensar en él como otra cosa que no fuera su marido. Ésa era otra novedad a la que tenía que hacer frente, que pudiera sentirse intimidado por un hombre con el que llevaba viviendo siete años.

Yunho se dio la vuelta y lo vio en el umbral de la puerta. A Jaejoong le dio un vuelco el corazón al ver que fruncía el ceño y lo observaba de arriba abajo, pero no podía ver bien la expresión de sus ojos.

«Se esconde, huye de mi», se dijo Jaejoong, «lo hace todo el tiempo». Incluso en aquellos instantes en que veía cómo observaba su nuevo peinado y su rostro maquillado, no podía saber lo que estaba pensando. El traje era mucho más fino que cualquier cosa que se hubiera puesto en su vida, realzaba su esbelta figura, sus piernas largas y bonitas, pero Yunho lo observó sin dar la menor muestra de aprobación o disgusto.

Luego, sin previo aviso, un brillo de emoción cruzó por sus ojos antes de desaparecer de nuevo.

Jaejoong se sobresaltó, porque estaba seguro de que sus ojos no revelaban otra  cosa que tristeza. Pero, ¿por qué debía Yunho sentir tristeza al ver a su doncel vestido para salir con él?

O, tal vez, no fuera tristeza, tal vez fuera su conciencia culpable. ¿Qué había dicho su madre? «Lo tienes guardado entre algodones». Aquella frase debía haberle calado muy hondo, y, en aquellos instantes, allí estaba él, distinto, convertido en otro doncel. Y Yunho debía saber que él nunca habría llegado tan lejos si él no lo hubiera hecho sentirse tan inseguro.

-¿Quieres algo de beber antes de que nos vayamos? -preguntó Yunho.

Jaejoong se dio cuenta de que no iba a hacer ningún comentario sobre el traje y sintió una gran decepción. 

-No... gracias -replicó con voz grave- ¿Has... has reservado mesa?

Yunho sonrió.

-Sí -dijo-. ¿Nos vamos?

Jaejoong se sentó en el BMW. Se sentía intranquilo y no dejaba de mirarse las manos mientras Yunho aceleraba en dirección al centro de Seúl. Jaejoong montaba pocas veces en aquel coche, porque cuando salían solían hacerlo con sus hijos y era su Ford Escort blanco el elegido. Así que se sentía algo extraño en aquel coche. En realidad, se sentía extraño con todo, incluso consigo mismo.

-¿Adónde vamos? -preguntó sin mucho entusiasmo. Se dio cuenta de que Yunho lo miró, y volvió la cabeza para mirarlo. El volvió a mirar a la carretera. Tenía  la mandíbula apretada.

Mencionó un club con restaurante y sala de baile y Jaejoong sintió un hormigueo en la piel. Era uno de los sitios más frecuentados por los ricos y famosos, Jaejoong pensaba que había que tener cierto estatus para ser admitido en uno de aquellos lugares y la naturalidad con que Yunho mencionó aquel club le hizo sentirse aún más incómodo.

-La comida es buena -decía sin darle importancia- Lo bastante buena como para tentar incluso los apetitos más frágiles.

¿Se refería a él? Podría ser, desde hacía algún tiempo, no tenía mucha hambre. La comida se convertía en un problema cuando tenía que vivir con un nudo permanente en la garganta.

-Entonces, lo conoces -dijo.

-He estado una o dos veces.

¿Con HyungJoong? Jaejoong no pudo evitar aquel pensamiento, que provocó que permaneciera en silencio el resto del camino.

Yunho no estaba más alegre que él. Lo guió a través del vestíbulo del club, iluminado con luz indirecta para realzar el lujo del lugar.

-Buenas noches, señor Jung -le saludó un hombre bajo, calvo y gordito, con acento francés. Luego se inclinó educadamente para saludar a  Jaejoong.

-Buenas noches, Claude -respondió Yunho con una familiaridad que provocó la mueca de Jaejoong-. Me alegro de que hayáis podido encontrar una mesa para nosotros habiéndolos llamado con tan poca  antelación.

Claude se encogió de hombros de un modo típicamente europeo.

-Ya sabe, señor, para personas como usted siempre tenemos sitio. Por aquí, por favor.

Yunho agarró a Jaejoong por la cintura. Jaejoong miró a su alrededor, mientras  seguían a Claude, tratando de no demostrar lo impresionado que estaba por el lujo del lugar.

Siempre que había salido con Yunho habían ido a alguno de los restaurantes del barrio, indio, chino o italiano. Él no llevaba más que unos vaqueros y una camiseta, tal  vez una chaqueta de esport, y él llevaba una ropa igualmente informal. Solían sentarse relajadamente y compartir una botella de vino con la relajada intimidad de dos personas que se encuentran a gusto en compañía del otro. Pero Jaejoong dudaba de que pudiera relajarse en aquel lugar. No podía imaginar, por ejemplo, a Yunho robándole del plato una gamba, su comida favorita, como solía hacer, o a él mismo inclinándose sobre la mesa para darle una, sosteniéndola entre los  dedos.

Aquel ambiente no inspiraba aquella clase de intimidad. En realidad, se dijo mientras la admiración era reemplazada por cierto desprecio, encontraba que allí no había ambiente en absoluto, aparte del que decía: «Comemos aquí no porque nos guste, sino porque está de moda».

-No te gusta -le dijo Yunho, observando su  expresión.

-Todo es... muy bonito -replicó él.

-Bonito -repitió Yunho con ironía- Resulta que es uno de los mejores restaurantes de Seúl, y a ti sólo te ocurre decir que es «bonito».

-Lo siento -dijo Jaejoong-. ¿Debería estar  impresionado?

-No -dijo Yunho, pero tenía la mandíbula  apretada.

-¿O lo que debería impresionarme es que consigas mesa con tanta facilidad? Ten cuidado, Yunho, o empezaré a sospechar que tratas de impresionarme.

-Y es una posibilidad demasiado ridícula como para que la tengas en cuenta, ¿no? Jaejoong reflexionó un momento acerca de aquel comentario, mientras paseaba la mirada por las otras mesas, ocupadas por elegantes personas luciendo elegantes vestimentas. Luego miró a Yunho.

-Francamente, sí -replicó con desdén- Yo creía que los dos sabíamos  que no tenías que hacer nada para impresionarme. 

Yunho suspiró con  impaciencia.

-Jaejoong, no te he traído aquí para que discutamos. Yo sólo quería...

-¿Darme un trato especial? -sugirió Jaejoong con  sarcasmo.

-¡No! ¡Quería complacerte, sólo complacerte! -dijo Yunho con amarga  intensidad.

-¿Enseñándome cómo vive tu otra mitad? -preguntó Jaejoong burlonamente.

-¿Mi otra mitad? -dijo Yunho con desconcierto- ¿Qué diablos quieres decir con eso?

-Tu otro yo, ése del que yo no sé nada -dijo Jaejoong, añadiendo para sí: «el Yunho que ha ido creciendo más y más mientras el otro se ha ido desvaneciendo poco a poco sin que yo me diera cuenta»-. El que se siente como pez en el agua en lugares como  éste.

Un brillo cruzó la mirada de Yunho.

-¿Habrías preferido que, así vestidos, fuéramos a un chino? Te has  tomado muchas molestias para conseguir una nueva imagen, Jaejoong. Y esto... -dijo señalando a su alrededor- es lo que coincide con él. Depende de ti elegir si lo prefieres o no.

Su respuesta fue «no», e hizo una mueca al darse cuenta de lo que aquella respuesta significaba. No se encontraba a gusto así vestido y aquel ambiente no era el suyo. Pero estaba tan claro que sí era el de Yunho, que le daban ganas de llorar. ¿Les quedaría algo en común?

-¿Y tú la prefieres? -le preguntó-. ¿Prefieres mi nueva imagen? Yunho se reclinó sobre su silla. Tenía una extraña  expresión.

-Me gusta tu pelo -admitió al cabo de un momento-, pero no estoy seguro de que me gusten tus razones para haber cambiado. El traje también me gusta. Es precioso, pero no me gusta lo que hace con el doncel que...

En aquel momento, un camarero se detuvo junto a Jaejoong y les ofreció la  carta.

-La carta, señores -,dijo.

-Gracias -,dijo Yunho y despidió al camarero con un ademán. El camarero se marchó con una inclinación de cabeza.

-Has sido un poco brusco con él -dijo Jaejoong-. ¿Qué te ha hecho para que le trates así?

-Me ha interrumpido cuando trataba de hacerte un cumplido. 

Jaejoong lo miró con ironía.

-Si llamas a eso cumplidos, Yunho, te diré que no me impresiona tu estilo. 

Yunho hizo una mueca.

-De acuerdo -asintió-, me cuesta acostumbrarme a tu nueva imagen Jaejoong… -dijo Yunho, inclinándose hacia delante y agarrándole la mano a Jaejoong- eres muy guapo, no hace falta que te lo diga… -«¿No hace falta?», se preguntó Jaejoong- pero no, por favor, no dejes de ser la encantadora persona que eres sólo porque quieres probarme algo. 

-No he hecho esto por ti, Yunho -dijo Jaejoong con frialdad- Lo he hecho por mí mismo; ya era hora de  crecer.

-Oh, no, cariño -murmuró Yunho-, estás equivocado. Yo...

-¡Por todos los diablos, pero si es el mismísimo Yunho Jung! -dijo una  voz.

-Maldita sea -murmuró Yunho, apretando la mano de Jaejoong y volviéndose para mirar al intruso.

-Yoochun -le saludó poniéndose en pie- Creía que estabas en Estados Unidos -dijo estrechándole la mano.

Jaejoong se fijó en él. Era atractivo y tendría la misma edad que Yunho. Era rubio  y delgado, y tenía unos ojos verdes cuya mirada podría atravesar una armadura si se lo proponía.

-He vuelto hace un mes -respondió Yoochun-. Eres tú el que ha estado fuera de la circulación últimamente -dijo mirando con una curiosidad puramente masculina a Jaejoong-. ¿Tiene esta hermosa criatura la culpa? -preguntó con suavidad. Luego miró a Yunho y le preguntó--: ¿Qué ha ocurrido con el encantador Hyu..

-Mi doncel -le interrumpió Yunho.

Jaejoong, sin embargo, imaginó el nombre que Yoochun iba a pronunciar.

-Jaejoong-añadió Yunho con un gesto de la mano- Yoochun Park. Tenemos el mismo abogado.

Yoochun miró a Yunho pensativamente.

-Vaya, .vaya -murmuró antes de rodear a Yunho para ofrecerle la mano a  Jaejoong.

Jaejoong estaba demasiado ocupado tratando de recordar por qué le sonaba aquel nombre como para pensar en lo que aquel pequeño comentario significaba. Yoochun era el dibujante de la sección política del Gazette, y tenía un humor mordaz. Tenía la infalible capacidad de captar las debilidades de la gente y utilizarlas de modo que podía convertir a la persona más eminente en el mayor hazmerreír. Aquella habilidad también le había convertido en una celebridad de la televisión.

-Ahora entiendo por qué nadie ha visto a Yunho durante semanas  -murmuró cuando Jaejoong le tendió la mano- Te has casado -añadió con suavidad- No  hay duda de que tu gusto ha mejorado, Yunho.

Jaejoong supo que lo estaba comparando con HyungJoong. -Gracias -respondió en lugar de Yunho, que estaba tan tenso que no parecía capaz de pronunciar palabra aunque quisiera- He oído hablar de usted, señor Park. Admiro su trabajo.

-¿Un admirador? -replicó Yoochun con humor- Dígame una cosa... -añadió haciendo ademán de retirar una silla para sentarse.

-Yoochun, cariño, ¿no te olvidas de algo? -dijo un doncel interrumpiéndole. Con un  gesto de fastidio, hecho para que Jaejoong lo viera, se irguió y se dio la vuelta.

-Disculpa -dijo-, pero debes entender que tenía que saborear  este momento. Este hombre ha sucumbido a los encantos del matrimonio -dijo con un suspiro  y se volvió a Yunho agarrando a su acompañante por la cintura- Henry, éste es Yunho Jung, de quien, sin duda habrás oído hablar.

-¿Y quién no? -añadió Henry con sequedad- Todos esperábamos con impaciencia el resultado de la venta de TVXQ'S.

Jaejoong bajó la vista, preguntándose si sería la única persona del mundo que no sabía lo importante que había sido la venta de TVXQ'S.

-Encantado de conocerte -dijo Henry.

Yunho se limitó a responder con una sonrisa. Tenía los ojos fijos en Yoochun, que miraba a Jaejoong con un no disimulado interés.

-Nos gustaría que os sentéis con nosotros, pero ya hemos pedido la cena -mintió.

-No te preocupes -dijo Yoochun con una sonrisa- No tenemos ningún deseo de interrumpir a unos recién casados.

Yunho abrió la boca para corregir el error, pero la mirada de Jaejoong le obligó a guardar silencio. «¡No!», le decían sus ojos, «¡No les digas la verdad! Conoce a HyungJoong, así que no me pongas en ridículo diciéndole que llevamos casados siete años y que nuestros hijos tienen seis».

Yunho apartó la mirada y apretó los labios con un gesto sombrío y lleno de frustración.

Jaejoong se sentía tan mal que le daban ganas de salir corriendo para no tener que hacer frente a su humillación.

Entonces, Yunho hizo algo inesperado y extraño. Lo agarró por la barbilla, se inclinó y, allí mismo, ante la sociedad más refinada de Seúl, lo besó apasionadamente.

Cuando se separó, Jaejoong vio en su mirada un dolor tan profundo  que se le llenaron los ojos de lágrimas. 

-Ya veo que la luna de miel no ha terminado -dijo Yoochun Park-. Vamos, Henry, creo que debemos dejar solos a estos dos tortolitos.

-¿Qué quieres cenar? -preguntó Yunho al cabo de un  rato.

Absorto, desconcertado y excitado por el inesperado beso de  Yunho, y conmovido por la expresión de su mirada, Jaejoong tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en lo que había dicho.

-Pues... -dijo mirando la carta sin poder leer una palabra- Pues… -El corazón le palpitaba y en sus labios ardía el recuerdo de aquel  beso apasionado. -Pídeme lo que quieras -dijo por fin apartando la carta.

Yunho llamó al camarero con un gesto. Luego le pidió la cena con tal sequedad que el camarero se movió nerviosamente hasta el momento de desaparecer, como si en aquella mesa hubiera demasiada tensión para poder  soportarla.

Jaejoong se preguntó si el camarero habría visto cómo se besaron, si lo habría visto toda aquella gente. Con un rubor en las mejillas, miró de reojo a su alrededor, pero nadie parecía prestarles interés. Se retorció las manos bajo la mesa y habló con normalidad.

-¿Cómo conociste a Yoochun Park? -le preguntó a Yunho. Yunho se encogió de hombros.

-Heredó un par de pequeñas empresas de su padre -le respondió- No las quería, así que me las vendió.

-Me gusta su trabajo. A mí no se me daba mal dibujar, así que supongo que puedo apreciar mejor su talento.

-También has podido apreciar su encanto, ¿no? -dijo Yunho, apretando la mandíbula.

Jaejoong se sobresaltó. ¿Yunho celoso?

-¿Por eso me has besado así? Una mirada cegadoramente amarga cruzó el semblante de Yunho.

-Te miraba como si fueras un plato del menú -respondió-. No quería que tuviera ninguna duda de a quién perteneces.

¿Pertenecer? Sí, él pertenecía a Yunho, pero Yunho no parecía pertenecerle a él.

-¿Hay alguien, en este otro mundo en el que te mueves, que sepa de mi existencia o de la de los niños? -le preguntó con brusquedad.

-Mi vida privada no es asunto de nadie  -respondió Yunho-. Sólo me mezclo con ellos por interés, eso es todo. Ahora, ¿podemos dejar el tema? A no ser, por supuesto, que los encantos de Yoochun Park te parezcan más interesantes que mi compañía, en cuyo caso, puedo llamarlo para que os doréis la píldora mutuamente.

¡Vaya, estaba celoso! La idea complacía mucho a  Jaejoong.

-Bueno, al menos, no hace callar a su acompañante cada vez que abre la boca -replicó Jaejoong con dulzura, observando con una sensación de triunfo el semblante cada vez más serio de Yunho.

Gracias a Dios, llegó el primer plato, porque estar  allí sentados sin más deseos que lanzarse pullas continuamente, convertía la comida en la mejor opción.

Jaejoong pensó que no podría probar bocado, pero Yunho había pedido para él una mousse de salmón que estaba deliciosa. Iba por la mitad cuando Yunho estiró el brazo y le acarició el dorso de la mano.

-Jaejoong -murmuró con voz grave. Jaejoong levantó la vista y le miró a los ojos- ¿Por qué no intentamos pasarlo bien al menos esta noche? No quiero pelear contigo, sólo quiero ...

-¡Yunho, cuánto me alegro de verte!

Yunho frunció el ceño con irritación y Jaejoong se sintió decepcionado ante la nueva interrupción, porque, después de mucho tiempo, se había dejado sumergir en la hermosa mirada de sus ojos grises.

Aquella vez, Yunho ni siquiera se levantó para saludar a quien los interrumpía, una pareja de mediana edad que se había detenido junto a él. Ni siquiera les presentó a Jaejoong. Se limitó a cumplir con la más estricta cortesía, dejándoles claro que no quería ser interrumpido.

-Ahora ya sabes por qué no me gusta traerte a estos sitios -dijo-. Nos van a estar interrumpiendo durante toda la  noche.

-¿Y qué tiene de malo? -preguntó Jaejoong ofendido porque veía la irritación de Yunho como un signo de su reticencia a presentarlo como su esposo.

-Porque, cuando salimos, me gusta tenerte para mí solo -respondió Yunho y volvió a mirarlo como antes, con aquella mirada oscura y posesiva que le hacía un nudo en el estómago.

Pero tenía razón. Volvieron a interrumpirlos al menos otras tres veces durante el curso de la cena. Finalmente, Yunho le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse.

-Vamos -dijo-, podemos ir a bailar. Al menos, mientras estemos bailando, la gente no se atreverá a interrumpirnos.

Lo llevó de la mano a través de las mesas hasta unas puertas cerradas que se abrieron al empujarlas con la mano. En aquella sala había menos luz. Desde la entrada, apenas se distinguía el otro lado, donde había una barra y un pequeño estrado donde una orquesta tocaba una pieza de jazz muy tranquila.

Yunho lo llevó hasta la pista de baile y lo tomó entre sus brazos. Al instante, Jaejoong se vio asaltado por una extraña sensación de incertidumbre, como si  Yunho fuera un extraño. Un extraño alto y moreno que apelaba a sus sentidos y hacía que se sintiera como un doncel.

Pero no era ningún extraño, sino Yunho, pensaba mientras comenzaban  a moverse al ritmo de la música. Ningún extraño, sino el hombre con el que llevaba casado siete años.

Sin embargo, aquel Yunho era extraño para él, y no sólo porque estuviera compartiendo con él una noche en su mundo. En realidad, era un extraño desde hacía pocas semanas.

No pudo evitar un suspiro lleno de tristeza. Y Yunho debió darse cuenta, porque apretó la mano que él apoyaba sobre su pecho y lo atrajo hacia sí con la mano que apoyaba en su cintura. Pero se detuvo al instante. Una repentina quietud los asaltó cuando la mano de Yunho rozó la espalda desnuda de Jaejoong.

Tuvo que cerrar los ojos, estremecido por una oleada de sensaciones. Trató de combatirla y movió la cabeza para respirar otro aire que no fuera el que impregnaba el olor del cuerpo de Yunho. Pero él lo detuvo apoyando en su nuca la mano que tenía la suya agarrada.

-Déjate llevar -susurró. Jaejoong dio un respingo. La primera vez que bailaron juntos él llevaba una camiseta cortada por encima del ombligo y él metió la mano por debajo. Aquella vez llevaba una chaquetilla de terciopelo, algo mucho más sofisticado, pero tuvo la misma reacción ardiente y torrencial, que siseaba como el agua sobre el carbón ardiente. Le palpitaba el corazón y se estremeció al notar que Yunho recorría   su espalda.

«No», se dijo, «no dejes que te haga  esto».

Pero todo el vello de su cuerpo se erizó en respuesta a las caricias de Yunho. Cerró los ojos y arqueó un poco el cuerpo, de modo que rozó con su pecho el de Yunho. Yunho se puso rígido y luego se agitó, presa de una necesidad tan vieja como el tiempo y dejó escapar un Suspiro.

-No ha cambiado ni un ápice, ¿verdad? -dijo- Seguimos teniendo el mismo efecto el uno sobre el otro.

Tenía razón, se dijo Jaejoong. Y con un último suspiro, que provenía de lo más profundo de su interior, se dejó llevar e hizo lo que estaba deseando hacer tan desesperadamente y lo besó.

Fue la primera vez desde hacía semanas que se acercaba a él intencionadamente.

Yunho respiró profundamente y dejó escapar el aire poco a poco.

-Vámonos a casa -dijo con voz ronca- No es esto lo que quiero que hagamos.

-Yo... -dijo Jaejoong. Estaba a punto de ceder. Se sentía  como si ya no tuviera nada que reprocharle. Pero entonces, otra persona les interrumpió, con una voz burlona y familiar, y aquella sensación se hizo añicos.

-Vaya, pero si es el mismo Don Juan en persona y con una nueva conquista...

Infidelidad

CAPÍTULO 5

 




La madre de Yunho empezó a pasar más tiempo con Jaejoong. No mencionaba el domingo que su nuero había pasado en Seúl, pero el hecho estaba allí, aguardando tras sus cuidadosos gestos, tras la cautela con que abordaba ciertas  conversaciones.

Hyori estaba orgullosa de su hijo. Era un hombre, que se había hecho a sí mismo, que había triunfado a pesar de las dificultades. Pero no estaba ciega ante lo que la tentación podía suponer para un hombre del calibre de Yunho. Era un hombre perspicaz, inteligente y lleno de vida. Con treinta y dos años, ya era respetado en la comunidad de ejecutivos.

La profunda mirada de sus ojos grises y su habilidad para hacer dinero donde no lo había, lo hacían muy interesante para las mujeres y los donceles. Y, aunque nadie le había dicho nada de por qué el matrimonio de su hijo atravesaba por tiempos difíciles, no era tonta y tenía una idea bastante acertada de la verdad. Así que decidió pasar más tiempo con Jaejoong, para ofrecerle su apoyo moral. Jaejoong, se lo agradecía, porque  había llegado a la dolorosa conclusión de que, en el mundo extraño en el que había empezado a vivir, ella era su única amiga.

Se sentía decepcionado consigo mismo por haberse dejado llevar  hasta convertirse en una persona vacía. Su hogar, que antaño era su orgullo y su gozo, se había convertido en continuo objeto de sus críticas. Podía ser un buen lugar para él, pero no para Yunho.  Su avance en la vida merecía una casa mayor, una que reflejara sus éxitos. Jaejoong no dejaba de atormentarse recordando las muchas veces que Yunho le había comentado que quería mudarse a una casa más grande, mejor. Tal como había empezado a considerarlo últimamente, lo comprendía perfectamente. No había duda de por qué no había llevado a aquella casa a ninguno de sus amigos: debía avergonzarse de su hogar.

Pero Jaejoong también se sentía furioso con su marido por no abrirle las puertas de su mundo. Tal vez fuera culpable por permanecer ciego a lo mucho que él había cambiado, pero él tenía parte de culpa por esconderlo, como si fuera un incómodo secreto que no convenía a su imagen de triunfador.

La ira se convirtió en resentimiento y el resentimiento en una inquietud que lo hacía irritable e impaciente, hasta el punto de que hasta sus hijos estaban alerta para evitar sus reacciones intempestivas.

«¿Quién eres, Jaejoong?», se preguntó una noche que Yunho volvía tarde del trabajo, después de muchas semanas en que había vuelto a las seis y media en punto. La tardanza de su marido aumentaba su inquietud. Necesitaba que Yunho estuviera allí para experimentar cierta paz.

«No puedes echarle a Yunho la culpa de todo», se decía. «Has vivido en una nube, tan encerrado en tu pequeño mundo que ni siquiera te has preguntado cómo era el de tu marido. Sabías que acudía a muchas comidas de negocios, que tenía que moverse en ciertos círculos si quería estar al día, pero no te preguntaste si debías preocuparte por entrar con él en ese mundo, ni siquiera te preocupaste de escucharlo y apoyarlo.»

Se dio cuenta de que ni siquiera sabía que la compra de TVXQ'S se había consumado hasta que Boa se lo dijo. Aún más, sólo se enteró de que quería comprar TVXQ'S cuando la madre de Yunho salió en su defensa una noche que él se quejaba de que volvía demasiado tarde a casa.

-¡Está ocupado con la compra de TVXQ’S! -había exclamado molesta- ¿No te das cuenta de que es muy importante que consiga ese negocio?

La verdad era que no podía darse cuenta, porque no sabía de su existencia, pero lo más triste era que todavía no se había preocupado de averiguarlo. ¿Qué futuro tenía un matrimonio que no compartía más que una casa, una cama y tres  hijos?

-Ni siquiera soy guapo -dijo con un suspiro, mirándose al espejo una  mañana.

«Al menos, no en el sentido clásico, supongo», se dijo sin dejar de mirarse al espejo. «Mi figura no está mal, sobre todo, teniendo en cuenta que he tenido tres hijos. Tengo unas piernas bonitas, pero no tengo una cara que llame la atención. No es  la cara que se espera del doncel de Yunho Jung. Tengo los ojos demasiado grandes y la nariz demasiado pequeña, la boca no está mal, pero mi mirada es demasiado vulnerable.»

Hizo una mueca de disgusto.

«¡Y mira qué pelo!», se dijo acariciando su larga melena dorada. «¡No he cambiado de peinado desde que tenía la edad de Jiji! ¡Incluso la ropa que me pongo es demasiado juvenil!»

«Pues haz algo para cambiar», le dijo con impaciencia una voz interior.

-¿Por qué no? -susurró con un impulso desafiante- Voy a decirte una cosa, Leo -dijo dándose la vuelta y hablando a su hijo pequeño, que jugaba en la moqueta- ¡Me voy de compras! Vamos a ver si la abuela puede cuidar de ti, y si no puede, pues... pues llamaremos a papá y que se ocupe él, por un día no le va a pasar nada -dijo y se mordió   el labio, exactamente igual que hacía su hija Jiji cuando tomaba una decisión.

Pero la madre de Yunho aceptó cuidar a su nieto con alegría, lo que en cierto modo contrarió a Jaejoong. De alguna manera, le atraía la idea de entrar en el ultra moderno edificio de oficinas donde Yunho tenía el despacho y dejarle a Leo en brazos. «Aunque, sin embargo», pensaba mientras se dirigía en taxi al centro de Seúl, «una cosa es imaginarlo y otra muy distinta hacerlo».

Se sentía feliz y esperaba que aquella sensación le durara algún  tiempo.

¿Era tan malo no tener otra ambición que ser una buena madre  y esposo? Siempre había amado su trabajo, que consistía en cuidar de sus tres hijos, escucharlos, jugar con ellos o, simplemente, disfrutar de ellos.

Y de Yunho. Yunho podía ser un león en la jungla de los negocios, pero Jaejoong sabía que la tensión desaparecía de su cuerpo en cuanto llegaba a su casa y encontraba a su pequeña familia con sus pequeños problemas, esperando que él los solucionara.

Muchas noches llegaba agotado y con el semblante serio, con el rostro de un cazador implacable, pensó Jaejoong en aquellos momentos-, pero  en menos de media hora, estaba tumbado en el suelo jugando con los gemelos o viendo la televisión. Se compenetraba absolutamente con ellos y podía llegar a pelearse con Hiro por un juego de ordenador, y no tenía la menor señal de  tensión ni de pesadumbre, tan sólo aquella sonrisa infantil igual a la de su hijo, que decía que había abandonado el mundo de los negocios para sumergirse en el feliz alivio que le ofrecía su familia.

Jaejoong se preguntaba si el mismo proceso funcionaba a la inversa, ¿le era tan fácil desprenderse de su papel de padre y esposo cada vez que salía para irse a trabajar? ¿Era un alivio para él volver a aquel otro mundo mucho más excitante, ser el gran hombre con poder sobre otros y verse tratado de forma especial? ¿Se convertían su pequeño doncel y sus tres hijos en poco más que nada una vez que volvía a aquel escenario sofisticado lleno de gente inteligente y sofisticada, con ropa  sofisticada y sofisticadas conversaciones?

Sofisticado, se repitió por enésima vez, en eso se había convertido Yunho, en un hombre maduro y sofisticado. Mientras, él se había  estancado.

Se odió a sí mismo por haber dejado que ocurriera y odió a Yunho por obligarlo a ver sus propios defectos, porque eso significaba que él tenía que asumir parte de culpa por lo que les estaba ocurriendo.

Jaejoong sintió un inexplicable alivio al no ver el BMW negro de Yunho cuando el taxi lo dejó en casa a las seis en punto de la tarde.

Iba tan cargado con bolsas y paquetes que tuvo que llamar al timbre con el codo.

-¡Cielo Santo! -exclamó la madre de Yunho, abriendo la puerta y mirando a su nuero con asombro.

Jaejoong siguió hacia el interior sin detenerse.

-¡Cielo Santo! -volvió a exclamar cuando, una vez en el interior de la casa, Jaejoong dejó caer los paquetes a sus pies.

-¿Qué te parece? --preguntó Jaejoong con  incertidumbre.

El Jaejoong que había abandonado su hogar una hora después que su marido no era el mismo que estaba ante su suegra.

Se había cortado el pelo en un óvalo alrededor de la cara, hasta la altura de la barbilla. Lo habían maquillado de modo que quedaran realzados los hermosos rasgos que él no creía tener. Tenia un aspecto tan natural que era imposible decir cómo le habían arreglado los ojos y la boca para que, de repente, llamaran tanto la atención.

Pero aquello no era todo. Ya no llevaba el abrigo de lana azul pálido y los vaqueros con que había salido aquella mañana. En su lugar, llevaba el traje de chaqueta de lana más exquisitamente cortado que Hyori había visto. Era de color marrón pálido y se ajustaba perfectamente a su figura. Se abrochaba con dos filas de botones de un marrón más oscuro en la pechera y estaba adornado con tres botones en cada puño. También llevaba unas botas de ante por debajo del tobillo y un bolso a  juego.

-Creo -dijo Hyori- que lo mejor será que preparemos  una bebida fuerte para cuando mi hijo vuelva a casa.

Hyori no podía saberlo, pero había dado la respuesta que más podía satisfacer a Jaejoong, que había ido adquiriendo una actitud más desafiante a medida que pasaba el  día.

Se abrió la puerta y entró Hiro.

-¡Uauh! -exclamó, y Jaejoong sonrió de oreja a oreja como un idiota. El tiempo que había empleado preocupándose por la reacción de sus hijos ante el nuevo aspecto de su madre, había sido tiempo perdido.

-¿Qué hay en los paquetes? -preguntó Hiro, despreocupándose de Jaejoong  como si fuera el mismo de siempre.

Al cabo de diez minutos, el suelo del cuarto de estar estaba cubierto  de paquetes medio abiertos y Jiji no paraba de corretear luciendo un collar de cuentas rojas que su madre le había comprado. A Leo le había traído un juego de piezas de construcción, pero lo que más le gustaba era la caja de cartón, que  estaba destrozando poco a poco. Para Hiro había comprado un nuevo juego de ordenador, y ya estaba jugando con él en su habitación cuando llegó Yunho.

Yunho se detuvo en el umbral de la puerta y se quedó mirando. La actividad en el cuarto de estar se detuvo. Jiji dejó de corretear para observar su reacción y su madre dejó de recoger los envoltorios, mientras Jaejoong se ponía en pie incómodamente y lo miraba con una mezcla de desafío y súplica.

Fue Hyori quien rompió la tensión del momento.

Recogió a Leo de la moqueta y agarró a Jiji de la mano.

Pero Jaejoong no prestaba atención a sus hijos, estaba pendiente de Yunho, que lo observaba con una inescrutable expresión.

Una tenue sonrisa se dibujó por fin en el rostro de Yunho. Jaejoong se quedó muy sorprendido, porque era la misma sonrisa con que se había acercado a él la noche que se conocieron, una sonrisa ambigua. Jaejoong se irguió con una expresión definitivamente desafiante.

-Vaya, vaya -dijo Yunho-, ya veo que ha comenzado la segunda etapa.

¿La segunda etapa? ¿De qué diablos estaba hablando? Se preguntó Jaejoong.

-¿Vas a salir? -preguntó Yunho-. Vas a tener que perdonarme, Jaejoong, pero, si me has dicho que tenías planes para salir esta noche, creo que me he olvidado  por completo.

Jaejoong frunció el ceño. Sabía que Yunho no decía nada al azar, y se preguntaba qué quería decir con aquel «¿vas a salir?» y el «segunda etapa», cuando sabía muy bien que no iba a ninguna parte.

Le quedó claro que no iba a hacer ningún comentario sobre su nuevo aspecto. Tal vez no le gustaba, tal vez prefería su versión aburrida, la que no le causaba ningún problema, la que sabía el lugar exacto que ocupaba en el ordenado mundo de Yunho y no pensaba salir de él.

Jaejoong pensó que lo que tal vez le ocurría a Yunho era que no las tenía todas consigo, y experimentó una sensación de triunfo. Tal vez su pregunta fuera sincera. 

-Y si estuviera pensando en salir, ¿qué harías? -le  preguntó.

La pregunta provocó de nuevo la sonrisa irónica de Yunho. Al verla, Jaejoong se estremeció llena de frustración.

-Supongo  que preguntarte  con quién sales -respondió Yunho, que sabía jugar mejor que él al juego de las  ambigüedades.

-¿Para ver si tu doncelito sale con buenas compañías?

-Pero, entonces, ¿vas a salir? -preguntó Yunho, apretando los puños- ¿Con quién? ¿Con un hombre?

Jaejoong no cabía en sí de satisfacción.

-Cuando tú sales, no me dices con quién, no sé por qué tengo que hacerlo yo -dijo con frialdad.

Yunho frunció el ceño y miró a Jaejoong como diciéndole «Ten cuidado».

-No te burles de mí -le dijo-. Dame un nombre, sólo quiero un nombre.

Era una conversación completamente estúpida -pensaba Jaejoong-, ya que él no iba a ninguna parte.

-No hay ningún nombre -murmuró, furioso por la facilidad con que Yunho había estropeado aquel día tan feliz para él. Paseó la mirada por los paquetes esparcidos por el suelo, sin encontrar en ellos ninguna satisfacción- Acabo de llegar, no iba a ninguna parte.

A Yunho le había bastado con ver los paquetes y las bolsas para darse cuenta. ¿A quién quería engañar, fingiendo con una pequeña mueca de sorpresa que no los había visto hasta aquel momento?

Yunho se acercó al paquete que tenía más próximo, una caja larga y plana que todavía estaba sin abrir. Aprovechando que Yunho le dejaba libre el paso, Jaejoong tomó su bolso nuevo y se dirigió hacia la puerta tristemente decepcionado.

-¿Qué es esto? -preguntó Yunho.

Jaejoong se encogió de hombros, tan arrogante como su hija cuando no obtenía la respuesta que quería.

-Un traje -respondió de mala gana.

-¿Y esto? -preguntó Yunho, señalando otra caja con el pie.

-Ropa interior -respondió Jaejoong ruborizándose, porque la caja rebosaba con la ropa interior más cara que Jaejoong había visto en su  vida.

-¿Y esto?

-Dos conjuntos -replicó y lo miró con resentimiento-. ¿Por qué? No irás a echarme la bronca por haber gastado demasiado, ¿verdad? ¡Fuiste tú quien me dio todas esas tarjetas de crédito! Una para cada gran almacén de Seúl, creo.

Jaejoong no las había utilizado nunca. Hasta aquel día, no se había dado cuenta de las delicias que podían ofrecerle.

Yunho ignoró el comentario.

-Es un traje que merece una cena en uno de los restaurantes más caros de Seúl, tal vez con un poco de baile después, ¿no te parece?

Jaejoong se estremeció y miró a Yunho a los ojos, sin acabar de comprender.

-¿Me estás invitando a cenar? -preguntó con tanta inocencia que Yunho no pudo evitar una sonrisa irónica. 

-Sí -asintió con cierta burla.

Jaejoong tuvo la impresión de que su ingenuidad le parecía algo muy divertido. Se sonrojó y deseó que lo tragara la Tierra antes que continuar con aquella tortura. Por lo visto, Yunho no podía tomar en serio nada de lo que él hacía.

-Sí, Jaejoong -repitió Yunho con mayor amabilidad, como si se hubiera dado cuenta de la inquietud de Jaejoong y lamentara haberla causado- Te estoy preguntando si te gustaría que saliésemos a cenar esta noche.

-Ah -exclamó Jaejoong desconcertado y sin saber qué responder.

Se alegró de oír a Hiro bajar corriendo por las escaleras, como un alud. Pasó a su lado como una exhalación y saltó a los brazos de su padre.

-¡Hola! -exclamó- Mamá me ha comprado un juego nuevo -prosiguió  con excitación- ¿Puedo bajado y ponerlo en la televisión? Es un simulador de vuelo y hay que aterrizar y despegar en un tornado.

-¿Por qué no? -dijo Yunho sonriendo sin dejar de mirar a Jaejoong-. Si a tu abuela no le importa, puedes bajarlo. Tú madre y yo nos vamos a  cenar.

-¿Os vais a cenar los dos juntos? -exclamó Hiro, tan sorprendido como Jaejoong- ¡Qué bien! -agregó mirando a su madre- Papá te lleva a cenar en vez de ir tú solo como el otro ...

-Hiro -dijo su padre. El niño se calló. Jaejoong se sintió muy incómodo.

-A lo mejor tu madre no puede quedarse  -dijo.

Sabía que Yunho sólo lo había invitado a cenar al ver todas las molestias que se había tomado para cambiar de aspecto- Ha estado aquí todo el día y no me parece bien que ...

-No importa -dijo Hyori, viniendo por el pasillo. Jaejoong se dio la vuelta. Hyori y Jiji estaban allí.

Tuvo la sensación de que en aquella casa no había la menor intimidad.

-Por supuesto que importa -dijo- Has estado aquí todo el día y yo...

-Llévalo a un sitio bonito -dijo Hyori, ignorando las protestas de Jaejoong. Jaejoong suspiró con impaciencia, sabiendo que su opinión importaba poco.

-Creo recordar que no he dicho que quiera salir -dijo.

-Claro que quieres salir -intervino Hyori-. Así que recoge todas esas cosas y súbetelas. ¡Jiji y Hiro, ayudad a vuestra  madre!

Jaejoong exhaló un suspiro de resignación. A no ser que quisiera contarles a todos sus razones para no salir con Yunho, no tenía más remedio que hacerlo.

Los niños obedecieron inmediatamente. Recogieron varios paquetes y salieron, dejando que Jaejoong recogiera el resto. Cuando estaba al pie de la escalera, oyó la voz de Hyori.

-Si quieres saber mi opinión, Yunho, ya era hora de que salieseis juntos. Y no estaría de más que empezaras a llevarlo a esas cenas donde conoces a tanta gente del mundo de los negocios.

Jaejoong se había detenido en las escaleras y esperaba con curiosidad la respuesta de Yunho, pero cuando habló no pudo distinguir sus  palabras.

Sin embargo, a Hyori se le entendía perfectamente.  -¡Tonterias! -replicó-. ¿Cómo sabes que no le va a gustar cuando no le has dado la oportunidad de averiguarlo? Tu problema, Yunho, es que lo tienes tan envuelto entre algodones que no le dejas descubrir lo que realmente quiere de la vida.

¿Era eso lo que Hyori pensaba?, se dijo Jaejoong. En realidad, él creía que siempre había sabido lo que quería de la vida, ser una buena madre y un buen esposo. Eso era todo. No era algo ni muy excitante ni muy ambicioso. Sólo quería ser un buen esposo para el hombre al que amaba y una buena madre para unos hijos a los que adoraba. ¿Qué tenía eso de malo?

-y te digo algo más -continuó Hyori-. No sé qué es lo que ha pasado para que ese pobre chico tenga roto el corazón, pero sé que ha sufrido mucho y me imagino de quién es la culpa.

A Jaejoong le dio un vuelco el corazón. Lo invadió una terrible sensación de desolación, como ocurría siempre que recordaba la llamada de  Boa.

-Sigue mi consejo, hijo, y sé muy cuidadoso a partir de  ahora, porque si alguna vez Jaejoong… Jaejoong subió las escaleras precipitadamente. No quería saber lo que podría ocurrir «si alguna vez Jaejoong...» Lo que le ocurría era ya bastante doloroso como para preocuparse si alguna vez...



domingo, 3 de noviembre de 2019

Infidelidad

CAPÍTULO 4




Cuando entró en el salón, Yunho estaba sentado en el sofá con un libro entre las manos. Tenía el aspecto de alguien que no se hubiera movido del sitio durante horas. No se molestó en saludar a Jaejoong, que, tras una corta pausa, esperando su repentina explosión de furia, que no llegó, cerró la puerta y se dirigió a la cocina. Esbozaba una sonrisa. Yunho no lo engañó ni por un momento con su aire de indiferencia, le había visto mirando por la ventana justo antes de entrar por la puerta del jardín.

Dejó el abrigo sobre una de las sillas de la cocina, se quitó las botas y preparó café. Yunho entró como un gato en busca de su comida diaria. Llevaba vaqueros  y camisa de algodón.

-Será mejor que llames a Boa -murmuró, apartando una silla con el pie para sentarse en él -¿Por qué? -dijo Jaejoong con curiosidad, y mirándolo por un instante.

-Porque no he parado de llamarla creyendo que estarías en su casa, y ella no me  lo quería decir.

-¿Y por qué estás tan seguro de que no ha sido así?

Antes de contestar, Yunho guardó silencio por unos instantes.

-Porque llamé a mi madre para que cuidase de los niños y me fui a su apartamento para ver si era verdad. -Así que no sólo Boa, sino también tu madre sabe que he estado fuera todo el día -dijo Jaejoong con acritud sirviéndose el café, que ya estaba listo.

-No puedes echarme la culpa de que estuviera tan preocupado después de cómo te fuiste -se quejó Yunho.

«Eso está mejor», pensó Jaejoong. «Eso le enseñará a no tratarme como a un niño. Puede que lo sea, pero eso no significa que me guste que me traten como tal. Además, así se dará cuenta de que su predecible esposo no es tan predecible después de todo» Se sentó frente a él, tomando con gusto la taza de café  caliente entre las manos, todavía frías. Yunho se pasó las manos por el pelo y luego las apoyó sobre la mesa y comenzó a tamborilear con los dedos, como si algún pensamiento le rondara en su interior. Inclinó la cabeza hacia delante. Tenía el pelo revuelto, como si se hubiera pasado las manos por él muchas veces.

Jaejoong nunca lo había visto así, con un aspecto tan frágil.

-Tus padres también lo saben -dijo inesperadamente- Los llamé cuando no se me ocurrió ningún otro sitio donde pudieras haber ido. Han estado esperando que aparecieras por allá toda la tarde. Será mejor que los llames para decirles que estás bien.

Así que sólo se le había ocurrido llamar a tres sitios para localizarlo. ¿Qué le decía eso de sí mismo? Se preguntó, pero decidió que ya había hecho suficiente auto análisis aquel día y decidió posponer la respuesta.

-Te voy a decir una cosa, Yunho -le sugirió- ¿Por qué no los llamas tú  ya que fuiste tú quien los has preocupado? Llama a tu madre y a Boa, no tengo ninguna gana de hablar con ella.

-¿Con quién? ¿Con mi madre?

-No, con Boa -dijo Jaejoong sarcásticamente- Has sido tú la que la has vuelto a meter en este lío después de decirle que se ocupara de sus asuntos, así que, si crees que está preocupada, llámala tú.

-iTodos estábamos muy preocupados! -exclamó Yunho, dirigiéndole una mirada furiosa.

-No pienso suicidarme -dijo Jaejoong con calma, sorbiendo su café. Cuanto más nervioso estaba Yunho, más tranquilo estaba él- Puede que me hayas tomado por un imbécil, pero no me voy a perder el resto de mi vida por eso.

-¡Yo no te he tomado por un imbécil!

-Claro que lo has hecho. Por ejemplo, cuando  has perdido el tiempo pensando que había hecho una tontería -dijo Jaejoong con mordacidad.

Yunho tragó saliva. Quería contenerse, evitar cualquier disputa.

-¿Dónde has ido? -preguntó.

-A Seúl -respondió Jaejoong, irguiendo la cabeza con orgullo.

-¿A qué parte de Seúl? ¿Y para qué? Has estado fuera desde las diez de la mañana, ¡casi doce horas! ¿Qué has estado haciendo durante doce horas si las tiendas están cerradas?

-¡Puede que haya salido con un hombre! -exclamó Jaejoong, y vio con satisfacción que a Yunho le mudaba el semblante- No es tan difícil encontrar uno, ¿sabes? Puede que haya decidido echar una canita al aire e irme a buscar... comprensión, ya que, últimamente, no encuentro mucha en esta casa -dijo con ironía.

Yunho se puso de pie, dando un golpe con la silla contra el suelo.

-¡Ya basta! -dijo Yunho, pasándose la mano por el pelo- ¡Deja ya de tomarte la revancha! No solías disfrutar haciendo daño a los demás.

Eso era cierto. Era extraño comprobar cómo podía cambiar una persona de la noche a la mañana. Nunca había tenido ningún deseo de hacer daño a nadie, pero, de repente, ni siquiera le importaba que sus padres estuvieran preocupados por él. Probablemente, la madre de Yunho estaría sentada en su apartamento, apenas a un kilómetro de allí, esperando con inquietud una llamada que le dijera que su adorable Jaejoong estaba bien.

-Haz esas llamadas y no tendrás que escucharme -replicó Jaejoong can la vista fija en la taza de café que tenía entre las manos. Yunho lo miró con furia. Parecía a punto de estallar, pero, para sorpresa de Jaejoong, suspiró profundamente y se marchó. Jaejoong oyó que cerraba de un portazo la puerta del estudio e hizo una mueca.

Subió al piso de arriba para darse una ducha. Recogió su larga melena en el garro de baño y se metió bajo el agua.

Después de ducharse, mientras se ponía el albornoz recordó que no había hecho la maleta de Yunho.

Con una maldición, entró apresuradamente en la habitación, recogió la maleta de cuero, la dejó sobre la cama y la abrió.

-No hace falta que lo hagas -dijo Yunho, desde la puerta- Esta tarde he cancelado el viaje.

-Vaya por Dios -dijo Jaejoong, mientras él cerraba la puerta- Qué decepción se habrá llevado HyungJoong.

Yunho se encogió, como si alguien le hubiera golpeado con un látigo. Jaejoong sintió pánico al ver su semblante pálido. Yunho se acercó, lp agarró por los brazos y él se estremeció.

-Ya  no puedo  soportarlo –dijo Yunho  entre dientes-. ¡No vas a cambiar de opinión sobre mí a pesar de la que haga o diga!

-Ya he cambiado de opinión sobre ti! -replicó Jaejoong, sintiendo temor ante el extraño brillo de los ojos de Yunho-. ¡Pensaba que eras un santo, ahora sé que eres un cerdo!

-¡Pues, entonces, voy a portarme como un cerdo! -exclamó Yunho y lo besó.

No fue un beso persuasivo, ni dulce, fue un beso brutal. Jaejoong gimió. Yunho clavó sus manos como garras en sus hombros. Jaejoong hizo esfuerzos para apartarse, tratando de no tocar su cuerpo.

Yunho le metió la lengua entre los labios, y él quiso morderle. Pero Yunho, que preveía su reacción, apretó sus labios con fuerza para impedírselo y le acarició la lengua con sensualidad. Jaejoong se estremeció y le golpeó el pecho con los puños, en un desesperado intento por detener el ardor que despertaba en su cuerpo. Aunque lo odiara desde lo más profundo de su ser, seguía siendo vulnerable a sus  caricias.

Gimió de nuevo y le dio una patada con su pie desnudo. Pero dio igual. Yunho no estaba dispuesto a soltarlo. El cuerpo de Jaejoong no era más que un junco que se doblaba ante la voluntad de Yunho. Con una mano lo agarró por la cintura y con la otra por la melena, tirando de ella para obligarlo a abrir la boca ya recibir su beso.

Jaejoong estaba ardiendo, su cuerpo se sacudió con una oleada de calor al sentir el cuerpo de Yunho apretándose contra él. Pero no era sólo la temperatura  de su cuerpo la que había sobrepasado los límites, sino también sus sentidos. Estaba fuera de control, ansioso, como una abeja precipitándose hacia la miel más dulce de la Tierra.

«¡No es justo!», pensó con desconsuelo. «¡No es justo que me siga haciendo esto!» Se odiaba a sí mismo y odiaba a Yunho por obligarlo a darse cuenta de su debilidad.

-iMaldito seas! -exclamó cuando Yunho se separó de él para respirar.

Yunho tenía las mejillas sonrosadas y sus ojos eran como oscuros estanques llenos de frustración.

-Sí -dijo con un susurro- Maldíceme cuanto quieras, Jaejoong, pero me deseas. Me deseas tanto que casi no puedes pensar en otra cosa.

Era la amarga verdad. Se encogió un poco, pero se dispuso a hacer algo en lo que había pensado muchas veces en los últimos días. Con un gruñido animal,  y sin importarle el dolor. que le hacía Yunho al tirarle del pelo, levantó los brazos para arañarlo.

Sólo sus buenos reflejos salvaron a Yunho. Echó la cabeza hacia atrás y Jaejoong sólo alcanzó su cuello. 

-¡Vaya, qué gatito! -dijo soltándole el pelo para tocarse el  cuello.

-¡Te odio!

-Mejor -dijo Yunho, atrayéndolo hacia sí- Así será más fácil hacerte el amor de cualquier manera, sin importarme lo que sientas por mí.

-¡Estupendo! ¿Por qué no añadir la violación al adulterio?

-¿Violación? ¿Desde cuándo he tenido que recurrir a la violación al acostarme contigo? ¡En toda mi vida no he conocido a un doncel más caliente que tú!

-¿Ni siquiera HyungJoong?

Yunho lo apartó de un empujón y cruzó las manos detrás de la nuca, como si se estuviera conteniendo para no tener que pegarle. En sus ojos se divisaba algo muy parecido al tormento.

-Ya basta, Jaejoong -dijo entre dientes- Deja ya de provocarme antes de hacer algo que podamos lamentar.

Jaejoong se preguntó a qué se refería. ¿Acaso lo estaba provocando, lo estaba poniendo furioso para que le hiciera el amor?

Se dio cuenta de que era eso lo que estaba haciendo exactamente. Tentándole   con cada mirada cuando debía irse de allí mientras podía. Pero quería alimentar el odio que le tenía, llevar al límite su angustia, su decepción y, sobre todo, el profundo dolor que no había abandonado su pecho desde la llamada de Boa.

Se oyó a sí mismo decir, como desde el otro lado de un largo túnel:

-¡Entonces, vete! ¿Por qué no haces lo que debes hacer y te vas de aquí? ¡No hay nada que te impida marcharte con tu precioso HyungJoong!

- ¡Deja ya de mencionar su maldito nombre!

-HyungJoong -repitió él al instante- HyungJoong, HyungJoong,  HyungJoong.

Un brillo, tal vez de angustia, cruzó la mirada de Yunho. Se mordió el labio y agarró a Jaejoong por los brazos.

-¡No! -dijo entre dientes- ¡Tú, tú, tú!

Con un rápido movimiento, lo obligó a girar y a echarse sobre la  cama.

Lo que sucedió estuvo muy lejos de tener algo que ver con el amor. Fue una batalla. Una batalla para ver quién de los dos lograba excitar más al otro. Una batalla de los sentidos donde cada caricia era deliberada y respondida por otra, donde cada mirada recibía como respuesta otra mirada de burla. En cuanto uno de los dos se excitaba, más lo excitaba el otro, lanzados frenéticamente a un torbellino de sensaciones dolorosas, rotas.

Por un instante, Yunho pareció a punto de recuperar el sentido común y trató de apartarse de Jaejoong.  Pero él se dio cuenta. Tuvo miedo, pánico a perderlo, y se aferró a él y lo besó con frenesí. Yunho suspiró y pronunció su nombre en una ardiente súplica. Pero él no atendió aquella súplica. En aquellos instantes, era él el que jugaba el papel de seductor, el que dominaba la situación. Y mantuvo  aquel papel desde el desesperado principio hasta el tumultuoso final. Dominó a Yunho, y al terminar, se apartó y se hizo un ovillo, presa de la frustración. Su cuerpo había exigido algo que se le negaba hacía días, pero sólo se sentía abatido y asqueado consigo mismo.

Así que, ¿quién ganó la batalla? Se preguntó. Nadie.

Su comportamiento le daba náuseas. Había hecho el amor con él, no porque lo quisiera, sino por su miedo a perderlo. Era esencial para su integridad mental saber que, a pesar de todas los HyungJoongs que pudiera haber habido o que hubiera en el futuro, él, el pequeña y aburrido Jaejoong, todavía podía volverlo loco en la cama.

Y además, tenía que reconocer que lo había deseado, el deseo que había sentido por él no dejaba espacio para el orgullo ni el respeto por sí mismo. Pero, sin embargo, hacer el amor no había supuesto ningún alivio para la tristeza y el dolor que sentía desde hacía una semana. Era como si su alma herida se negara a concederle a Yunho un respiro.

Una solitaria lágrima se derramó por sus  mejillas.

Jaejoong, en su desesperado deseo de probarse que todavía podía excitar a su marido, había perdido más de lo que había ganado. Se había dado cuenta de que ya no sentía lo mismo por él. Había perdido la confianza ciega y, con ella, su forma de amarlo libremente.

Le dolía y le daba miedo. Se sentía más solo que si Yunho se hubiera marchado y lo hubiera dejado. Porque no sabía si algún día volvería a sentir por él lo que antaño sintiera.

-¿Jaejoong?

Jaejoong se dio la vuelta. Yunho lo contemplaba con una mirada  sombría.

-Lo siento -dijo tranquilamente.

¿Qué lamentaba, hacer el amor o toda aquella horrible situación? Qué importaba, se dijo. Al fin y al cabo, ya nada importaba. Se sentía como una cáscara vacía, perdido y solo y ningún lamento lograría que se sintiera  mejor.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Me avergüenzo de mí mismo -le dijo con voz grave y temblorosa. A Yunho se le humedecieron los ojos.

-Ven aquí -dijo estrechándolo entre sus brazos- Te juro que no volveré a hacer nada que pueda hacerte tanto daño, Jaejoong. Palabra de un hombre que en su vida se ha sentido peor.

¿Podía Jaejoong arriesgarse a creerlo? Sería fácil. Y sería fácil perdonarlo y olvidarlo todo, con la esperanza de que el perdón y el olvido se llevaran el dolor para Siempre.

-Te quiero -le dijo Yunho con voz grave- Te quiero mucho, Jaejoong.

-¡No! -exclamó Jaejoong violentamente, abandonando la idea de perdonado al escuchar aquellas tres palabras falsas. Ya le había creído una vez, y sólo le había  servido para hundirse en el lodo.

-No me hables de amor -le replicó amargamente- El amor no tiene nada que ver con lo que acaba de suceder, ¿o es que te casaste conmigo por amor?



El desayuno transcurrió en medio de una atmósfera enrarecida. Los mellizos no dejaban de mirarlos con extrañeza y curiosidad. Jaejoong sabía que se habían hecho muchas preguntas acerca de su ausencia del día anterior, pero era obvio que Yunho les había ordenado que no hicieran preguntas. No pudo evitar una media sonrisa cuando Jiji abrió la boca para decir algo y Yunho la silenció con una mirada. Hiro se comportaba de forma distinta. No dejaba de mirarlo, pero no decía nada, en realidad, no había dicho nada desde que había bajado a desayunar.

-Come, Hiro -le dijo Jaejoong amablemente, después de que el niño estuviera jugando con la cuchara un buen rato-. A media mañana vas a tener hambre si ahora no comes nada.

Hiro frunció el ceño y lo miró. Tenía los mismos ojos que su padre.

-¿Adónde fuiste ayer? -le preguntó de repente, y miró a su padre.

-Pues ... salí a pasar el día por ahí -respondió Jaejoong con una sonrisa, para demostrarle a su hijo que no sucedía nada anormal- No te importa; ¿verdad?

Hiro se removió en la silla. Jaejoong se inquietó. Hiro no era como su hermana, extrovertida y comunicativa con todo el mundo, siempre se callaba sus problemas.

Si le hacía aquella pregunta era porque estaba realmente preocupado.

-Pero, ¿adónde fuiste? -insistió el niño.

Jaejoong suspiró y le acarició el pelo. Hiro no protestó, como solía  hacer.

-Estaba muy cansado -respondió, tratando de encontrar una explicación que un niño de seis años pudiera comprender-. Además, como me paso el tiempo en casa, me apetecía dar un paseo. Eso es todo.

-¡Pero normalmente vas con uno de nosotros, para que te cuide! -dijo mirando a su padre, pero esta vez para decirle que se mantuviera al margen de aquella conversación.

-¿Quién ha dicho eso? -dijo Jaejoong en broma, tratando de tomarse aquella afirmación con buen humor, cuando, en realidad, estaba horrorizado de que su hijo también pensara que era incapaz de cuidar de sí mismo- Ya sabes que soy mayor y que puedo cuidar de mí mismo.

-Papá dijo que no -intervino Jiji-. Llamó a la abuela, y estaba muy nervioso. Y habló por teléfono con la tía Boa, y se puso  furioso.

-Ya basta, Jiji -dijo Yunho con calma, pero en un tono tajante.

-¡Pero sí lo dijiste! ¡Y te portaste como un toro loco!

-¿Como un qué? -preguntó Yunho.

-Como un toro loco -repitió la niña- Eso es lo que nos dice mi profesora cuando corremos por la clase, ”Los toros al campo” dice -dijo Jiji y esbozó una de sus encantadoras sonrisas, de ésas con las que se le caía la baba a su padre- Pero mamá volvió sano y salvo, como dije yo.

Así que, al menos, había un miembro de su familia que lo creía capaz de cuidar de  sí mismo. «Gracias, Jiji», pensó Jaejoong.

-Acábate el desayuno -dijo-. Como podéis ver, estoy sano y salvo, así que vamos a olvidarlo, ¿vale?

En cuanto los niños se marcharon a recoger sus cosas del colegio, le dijo a Yunho:

-Puedes irte a Tokio, si quieres.

Yunho estaba guardando el periódico en su cartera.

Al oír a Jaejoong se detuvo por un instante y luego, cerró la cartera. Tenía todo el aspecto de un hombre de  negocios.

Con la camisa de seda blanca y el chaleco. Parecía fuera de lugar en aquella cocina de atmósfera tan familiar, su atuendo era apropiado para una mansión de estilo georgiano, con muebles de caoba. Jaejoong sintió una gran tristeza al pensar en lo mucho que Yunho había evolucionado con los años mientras él permanecía  estancado.

-Ya no tengo que ir -dijo Yunho-. Changmin puede ocuparse de todo tan bien como yo.

Entonces, ¿por qué no iba él desde un principio?, se preguntó Jaejoong.

-¿Tenías miedo de que te abandonara mientras tú no estabas en casa? -le  preguntó con un sincero interés por saber su respuesta. A Yunho le importaban mucho él y los niños, pero no sabía en qué medida sería una tragedia que dejaran de formar parte de su vida.

Yunho se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo junto a la ventana que daba al jardín trasero de la casa, lleno de juguetes.

-Sí -admitió sobriamente.

Jaejoong experimentó un gran alivio al oír su respuesta,  lo que, por otro lado, lo puso furioso, porque no era más que una muestra de su propia debilidad.

-Yo no tengo por qué irme -replicó- Eres tú quien tiene que hacerlo.

-Sí -dijo  Yunho, y agachó la cabeza antes de darse la vuelta. No lo miró, pero  hizo como si examinara su cartera de nuevo- Sé que, si me quedara un átomo de orgullo, debería recoger mis cosas y marcharme. Pero no quiero marcharme, no quiero echar a perder lo que hemos... tenido. Sé que tengo que probarte que puedo y volver a ser el mismo. Sé que me va a costar algún tiempo, pero no voy rendirme, Jaejoong -dijo y se atrevió a mirarlo con determinación    -Puedes hacer lo que quieras, pero no voy a ser yo quien me vaya.

-Podría pedirte la separación -le espetó Jaejoong de repente- Para hacer que te marches.

Yunho frunció el ceño.

-¿Y cómo sabes que si pides la separación puedes obligarme a irme? -dijo Yunho, preguntándose si Jaejoong habría hablado con algún abogado. No lo creía capaz, pero no estaba seguro.

A Jaejoong le encantaba verlo tan desconcertado. Le hacía recuperar algo  de orgullo, así que se encogió de hombros y dijo con sarcasmo:

-Veo mucha televisión.

-Entonces, ¿vas a... acabar con nuestro matrimonio? Jaejoong tenía que admitir que era muy listo. Con una simple pregunta le había dejado a él toda la responsabilidad.

-Has sido tú el que has empezado  a estropear nuestro matrimonio, Yunho -respondió con tranquilidad- Pero no, no voy a hacer nada por cambiar esta situación... todavía.

-¿Todavía? ¿Si quieres pedir el divorcio por qué no lo haces cuanto antes? -dijo Yunho, dando un suspiro, recogiendo la chaqueta del respaldo de la silla.

Jaejoong observó cómo se la ponía. Se fijó en su anillo de oro. No significaba nada, sólo era un trozo de oro que le habían puesto allí hacía un millón de años. Era un anillo sencillo y barato. Cuando se casaron, no habían podido pagar nada mejor. Al cabo de algunos años, Yunho le había regalado una sortija de oro con un diamante engastado.

Recordaba el día que lo habían comprado; «Te quiero, Jaejoong», había dicho poniéndoselo en el dedo, «sin ti y los mellizos, mi trabajo no tendría sentido».

Pero Yunho se equivocaba. Sin él ni los mellizos, habría llegado mucho más  lejos, de eso estaba seguro.

Yunho lo observaba con aquella mirada sombría, mientras esperaba la respuesta de Jaejoong. Por un instante, se cruzaron una mirada, luego, Jaejoong agachó la cabeza.

-No lo sé. Pero creo que quiero verte sufrir -respondió Jaejoong con sinceridad.

Para su sorpresa, Yunho sonrió y se llevó la mano al cuello, donde era visible el arañazo de la noche anterior.

-Yo creía que ya me habías hecho sufrir  bastante -dijo.

-No lo suficiente -dijo Jaejoong, sonrojándose ligeramente. -Ya veo.

-Me alegro.

-Así que ahora vamos a iniciar un periodo en  el que me toca recibir a mí -dijo Yunho, sonriendo de nuevo y agachándose para besar a Leo- Pues que así sea -añadió y salió orgullosamente de la habitación, dejando a Jaejoong desconcertado.


Durante las dos semanas siguientes, vivieron en una especie de tiempo muerto, como si su matrimonio hubiera entrado en coma. En realidad, se estaban tomando una tregua para recobrarse antes de afrontar su  futuro.

Jaejoong no volvió a dormir en la habitación de Leo. Dormía con Yunho, sin saber muy bien por qué. Tampoco le rechazaba cuando lo buscaba, en el prolongado silencio en que sus noches se habían convertido. Y llegaron a compartir cierto afecto, aunque aquellos encuentros no fueron demasiado satisfactorios para ninguno de los  dos. Jaejoong se dejaba llevar y recorría con Yunho el largo y sensual camino del placer. Pero, en los instantes de mayor intensidad, palpitando de deseo entre sus brazos y sintiendo cómo él se estremecía y profería pequeños gemidos, no podía dejar de imaginar a HyungJoong en su lugar, de pensar que HyungJoong le había llevado al mismo estado de pasión desenfrenada. Y, en aquellos momentos, se apartaba de él con angustia, y el placer se extinguía tan rápidamente como había surgido.

Entonces daba la espalda a Yunho y se hacía un ovillo para soportar su desesperación en soledad mientras Yunho estaba tendido a su lado cubriéndose el rostro con una mano, sabiendo, aunque nunca hablaban de ello, que HyungJoong se interponía una vez más entre ellos. En aquellos momentos, el dolor de la infidelidad y la angustia de los celos azotaban a Jaejoong con toda su crueldad y no podía soportar que Yunho lo tocara. Y él se quedaba quieto y ni siquiera lo intentaba.

Jaejoong pasaba los días preocupado, pensando en aquellos momentos con temor, porque sabía que, si había algo que pudiera hacer volver a Yunho a brazos de HyungJoong era su estúpido comportamiento en la cama.

Que Yunho viera aquellos momentos como el modo en que Jaejoong quería devolverle su infidelidad, sólo hacía que se sintiera peor, porque era lo último en que pensaba cuando Yunho lo buscaba.

Y se sentía más tenso y sufría cada vez más cuando Yunho trataba de hacer el amor, porque sabía que no podrían alcanzar una satisfacción plena. Y aun así, lo necesitaba, a pesar de que no podía darle lo que pedía. Necesitaba experimentar el pequeño placer de los primeros escarceos y necesitaba saber que Yunho lo necesitaba